Los 'pequeños dictadores' se multiplican y cada vez se identifican menos con el perfil de los menores que cumplen medidas judiciales con otros delitos. Estos menores son en su mayoría españoles; pertenecen a familias de todos los niveles socioeconómicos; dos tercios de ellos son varones y ejercen la violencia como medio para conseguir algo.

Así, la denuncia de los padres suele ser la primera causa judicial para estos jóvenes, que aparentemente están normalizados. Sin embargo, en los casos en los que cuentan con un historial delictivo previo, llos delitos anteriores también han estado relacionados con el maltrato familiar.
Son datos aportados por el experto en maltrato familiar ascendente Luis González Cieza, de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI), dependiente de la Consejería de Presidencia, Justicia e Interior, durante una conferencia impartida en La Casa Encendida. Según González Cieza, mientras el fenómeno de los hijos que ejercen violencia contra sus padres se producía tradicionalmente en familias autoritarias, ahora se da en entornos permisivos, donde el modelo educativo no tiene consistencia o es negligente.

Las causas del fenómeno, apuntó, radican en los cambios en las familias: los padres cada vez lo son con más edad, están desorientados, pierden autoridad y tienen dificultades para la crianza casi desde el principio. Además, "la madre ha salido de la casa sin que el padre haya entrado". La normalización social de la violencia y la baja autoestima de algunos menores, además del egocentrismo o la impulsividad, provocan el maltrato, cuya intensidad suele incrementarse de forma gradual a medida que pasa el tiempo.
Según este experto, las agresiones más duras —no físicamente pero sí emocionalmente— suelen protagonizarlas las chicas. También son las más arraigadas y difíciles de cambiar.
Las madres, principales víctimas
El hecho de que sea casi siempre la madre la víctima de la violencia del adolescente —muchas veces en familias monoparentales o reconstituidas— no significa, según González Cieza, que se trate de una violencia machista. No se la agrede en cuanto a mujer, sino en cuanto a su papel de control, ya que casi siempre es quien está presente. Además se la percibe como el eslabón aparentemente más débil.
Reeducación especializada
La ARRMI cuenta desde enero de 2007 con un centro especializado para reeducar a los menores internos por este tipo de delitos, El Laurel, gestionado por Fundación Grupo Norte. Hasta el momento, 76 menores han pasado por el centro. Solo dos han reincidido y ninguno de ellos había completado el programa.
Para aquellos jóvenes en fase de libertad vigilada o que cumplen otro tipo de medidas en régimen abierto por esta causa, la ARRMI cuenta con otro recurso, el
Centro de Convivencia Luis Amigó, que también forma parte de este programa especializado. Desde que este se puso en marcha, la reincidencia de estos jóvenes se ha reducido al 1 por ciento.