Para quienes deseábamos un cambio pero nunca tuvimos confianza en el teniente coronel, desde un inicio percibimos su actuación como la de la marabunta. Para quienes en 1999 cifraron sus esperanzas en un cambio drástico, la actuación de su "comandante en jefe" la están percibiendo como el trabajo de los comejenes. La marabunta, esos bachacos organizados como columnas de soldados que destruyen toda la vegetación a su paso, causan un daño que se visualiza desde el primer día. En cambio el comején, esos insectos que viven dentro de la madera, ocasiona un daño silencioso que solo se percibe gradualmente.
Por estar convencidos de que lo que venía era una marabunta, de inmediato reaccionaron varios grupos. La Asamblea de Educación con aquello de "con mis hijos no te metas"; la Confederación de Trabajadores de Venezuela alzó su voz por el intento de maniobrar para imponer a Istúriz; Fedecámaras protestó por la imposición de una serie de decretos-leyes que cercenaban el derecho a la libre empresa y los trabajadores petroleros iniciamos un paro el 4 de abril del 2002 en desacuerdo con el intento de imponer en la directiva de Pdvsa a cinco personas que no reunían los méritos necesarios y que habían sido designados solo por ser afectos a la llamada revolución.
Es lógico que para quienes se sintieron muy marginados por los gobiernos anteriores y por ello necesitaban aferrarse a una esperanza de cambio, la percepción del fracaso del llamado "proceso" no podía ser abrupta. Solo gradualmente se han ido desencantando. Al principio se inquietaron por la mucha habladera. Poco después se preocuparon por la obligación de uniformarse de rojo y asistir a los eventos oficiales como requisitos para ocupar un cargo público o beneficiarse de algunas de las llamadas misiones. No pasó mucho tiempo cuando comprobaron que en los barrios habían aumentado exponencialmente los asesinatos y atracos, tanto por malandros, como por policías. La comida, a pesar de Mercal y de Pdval comienza a escasear. Las viviendas no se construyen y aumenta el desempleo. Por si fuera poco, les resulta evidente que hay unos nuevos ricos, la nueva clase de boliburgueses, que hacen ostentación de lujosos carros y viviendas. Más recientemente se dieron cuenta que "su comandante" regala a otros países lo que no le pertenece, es enemigo de los contratos colectivos y considera que a un obrero no se le debe pagan las horas extras trabajadas. Además, se están percatando que lo poco que tienen lo pueden perder porque el gran destructor no cree en la propiedad privada. ¡Caramba!, están pensando, ¿Cómo que nos volvieron a engañar? Este socialismo no es más que "mucho ruido y pocas nueces" y como que nos quieren llevar al racionamiento cubano.
Los creyentes de buena fe en la "revolución", ya la comparan con el daño del comején. Primero se detecta un polvito insignificante que se barre y reaparece al día siguiente. Poco a poco va aumentando el volumen que ya se evidencia como aserrín. Como sabemos, cuando el comején ataca el tratamiento no es sencillo. Algunos deciden botar la puerta o el mueble afectado y otros optan por fumigar. La reciente Mesa Unitaria constituye una buena plataforma para decidir la estrategia del tratamiento. La misma debe tomar en cuenta que, de no practicarlo, en cualquier momento el comején hará colapsar toda nuestra estructura de producción y de servicios.
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