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la ficción como ejercicio contrapoder

la ficción como ejercicio contrapoder

lunes 22 de junio de 2009, 17:07h
Actualizado: 29 de junio de 2009, 18:14h

Hay demasiado gobierno en nuestra vida. ¿Cómo lograr que el país progrese si ellos no nos dejan?

Lo dice Mandrake,  singular detective  nacido de la imaginación del brasileño  Rubem Fonseca, un  brillante narrador y guionista contemporáneo.

Fonseca  escribe para insistir sobre los mismos problemas de la vida contemporánea, pero el gran valor de su obra radica en su capacidad de  alcanzar cada vez mayor profundidad filosófica y mayor espesor crítico frente a la existencia individual y colectiva. 

Será por eso que, a sus  84 años, este  maestro de la  literatura policial latinoamericana sigue creando. Creando y sacudiendo conciencias y sensibilidades. Creando y dejando una honda huella en sus lectores, una lección de vida, una manera de asumir la existencia:  “La oscuridad es una forma de encontrar la lucidez”.

Sigue creando y revelando los innumerables, múltiples y sorprendentes ángulos de una misma realidad cruel, pragmática, insensible: ”Todo lo que resulta fácil termina en algo  equivocado”. 
 
En cada uno de sus 25 libros, Rubem Fonseca   descarga una fuertísima dosis de intensidad y asombro sobre sus temas obsesivos:  el poder y las mujeres. Para él, tanto en la política como en el amor hay levedad, todo es perecible, fugaz: “El goce del poder es solo un accidente temporal. Nunca lo valorices”.

Y entre la política y las mujeres descifra las claves de la corrupción, la soledad, el placer, la violencia, la riqueza, la droga, el asesinato, el sexo, la certeza de que más allá de la muerte solo hay muerte, la utopía de la existencia de Dios, el repudio   frente a  los que detentan el poder:  “Toneladas pudriéndose en las bodegas del Gobierno, corrupción en el Gobierno, nepotismo en el Gobierno, medidas del Gobierno para poner  obstáculos a los que quieren trabajar”.

Fonseca es  existencialismo hondo, irreverencia implacable,  escepticismo frontal, crudeza contundente, contrapoder puro: “No permitas que tu corazón controle tu mente. Si eso te ocurre, dejarás de ser cínico”.

Él atribuye su riqueza narrativa  a hechos simples. Por ejemplo,  cuenta que decidió publicar su obra cuando  “fuertes señales del destino”,  como la violencia y la corrupción en su entorno laboral,  le indicaron que había llegado la hora  de volcar sobre el papel sus vivencias   como comisario de la terrible policía de Río de Janeiro.

Y así lo hizo, porque justamente en esos años de funcionario policial  fue testigo de  estremecedores  episodios  que luego convertiría en excepcionales novelas como ‘El gran arte’ y ‘Agosto’,  o cuentos inolvidables como ‘El cobrador’.

Rubem Fonseca dice que los escritores  deben cumplir  un deber esencial:  tener el coraje de mostrar lo que la mayoría de la gente siente miedo de decir.
   
“Las sospechas son como murciélagos, vuelan siempre en el crepúsculo y  deben ser reprimidas o al menos bien vigiladas: impulsan a los reyes a la tiranía”.

Se trata de una reflexión de siempre, pero muy pertinente en tiempos de oscuridad y fanatismo  como los de ahora, en especial para que despierten quienes prefieren callar o miran para  otro lado.

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