Cuando uno no sabe de dónde es y pelea porque los demás crean que nació ungido por la mano de la fortuna que eligió para él un sitio digno de ser envidiado, vive toda su vida con la preocupación de que le pillen en el renuncio y, lo que es peor, con el miedo aterrador de que se descubra que es un impostor.
A mí me encanta cuando alguien como
Iker Casillas proclama que es de Móstoles o cuando
Xavi Hernández declara con orgullo que nació en Tarrasa. Estos dos chavales son de pueblo y lo tienen a mucha honra, entre otras razones porque no necesitan ser de una gran capital para que los demás le reconozcan que son dos números uno en lo suyo.
Sin embargo tengo para mí que no ser de Madrid o de Barcelona es algo que jode a quien no acepta ser de un pueblo o de una provincia, y eso es lo que le pasa a algunos políticos charnegos o maketos que por más méritos que hagan para que les perdonen su origen nunca conseguirán ser pata negra.
Pongamos que hablo de
Montilla.
El Molt honorable que aunque habla poco y sonríe menos gana mucho cuando está callado, ha hablado de los fichajes del Real Madrid y se ha despachado con la siguiente frase, sin cortarse un pelo: “
En momentos como estos en que hay muchas empresas y familias que tienen dificultades para acceder al crédito, no es precisamente ejemplarizante que haya demasiadas facilidades para obtener créditos para estos fines".
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Estoy convencido de que no se le habría ocurrido decir nada parecido si el crédito lo hubiese pedido el Barça para contratar a otra estrella del fútbol, porque contra los que te perdonan la vida por no ser catalán de origen no hay huevos de replicar, pero lo más indecente es hacer este tipo de proclamas moralizantes cuando en tu casa no guardas coherencia.
El despelote de gastos que en plena crisis mantiene la Generalitat (fundamentalmente a través del ciudadano de Cambrils,
José Luis Carod Rovira que se ha inventado 196 delegaciones en el extranjero con sueldos de 87.500 euros anuales y entre 5 a 10 funcionarios o asesores según el peso económico o administrativo de la plaza en cuestión) con informes de chiste, pero muy bien pagados, y aportaciones a las culturas indígenas, desacredita el discurso de alguien que en Córdoba habría tenido más razón si criticara lo mismo que hace ahora desde Barcelona.
Ya se decía en época de los Reyes Católicos que no había nada más peligroso que un converso.
Los conversos de hoy son aún peores.