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Lavado

Lavado

lunes 06 de julio de 2009, 23:29h
Actualizado: 10 de agosto de 2009, 13:16h

Los ecos de los resultados electorales del pasado domingo, aunque algo eclipsados por los problemas sanitarios derivados de la pandemia de gripe A, siguen reverberando en el espacio y seguirán fuerte en los próximos meses.
Pero más allá de las especulaciones en torno al 2011, a los cambios de gabinete, a si se van o se quedan, a si se adelantan las elecciones, etc.,  hay que tener en cuenta que habrá temas muy concretos vinculados con la economía que no se podrán eludir.

Los políticos, obviamente, prefieren jugar el juego que más les gusta y que mejor juegan, pero, lamentablemente, también tendrán que discutir otras cosas.
Y esto es así,  porque la Argentina está ante la necesidad de encarar un ajuste fiscal importante, antes de que los stocks del ANSES y otros organismos se agoten, o las reservas del Banco Central muestren una caída importante y aceleren aún más la fuga de capitales. 

La negociación que precederá este ajuste no será sencilla, dado los intereses encontrados de los actores políticos involucrados.

Por un lado, el kirchnerismo (ahora los verdaderos “disidentes” del peronismo) pretenderá vender caro su “trabajo sucio”, si es que está dispuesto a arreglar, mínimamente, el desaguisado de precios relativos, gastos desbocados, manejo discrecional y autoritario de los fondos públicos, ruptura con el mercado financiero internacional, y muchas otras cuestiones vinculadas con lo fiscal que han acumulando.

El peronismo, por su parte, necesita que el ajuste se haga de forma tal que se dañe lo menos posible su imagen con vistas a las elecciones presidenciales del 2011. (No vaya a ser que le pase lo de Duhalde en el 99 que no pudo despegarse de Menem, pese a intentarlo).

La oposición, representada por Unión Pro (cuyas chances crecen en la medida que el peronismo se deteriore en el marco del ajuste)  y por la alianza UCR –CC,    (resucitada por el fantasma bueno de Raúl Alfonsín y el voto no positivo de Cobos), tendrá que acompañar el ajuste desde el Congreso, para evitar “heredar” una situación crítica, pero necesita ingeniárselas para que “parezca un accidente”. (Y no ser identificados como “partícipes necesarios” de dicho ajuste).

Encontrar, entonces, el conjunto óptimo de medidas fiscales que  permitan, a los actores mencionados, llegar en buena posición para la carrera electoral del 2011, no será sencillo. –Insisto, si el kirchnerismo estuviera dispuesto a negociar y no termina sucumbiendo antes de tiempo a su propia necedad-.

Esto sólo, de por sí,  indica que el escenario económico de la transición política de los próximos años difícilmente supere una mediocridad razonable, a menos que el ciclo internacional cambie extraordinariamente. Pero entre una mediocridad razonable y una crisis profunda hay una distancia. Y esa distancia dependerá, claramente, de esas negociaciones, cuyos puntos concretos, ni siquiera están en borrador, pero en dónde un manejo menos discrecional y autoritario de los fondos públicos por parte del Ejecutivo y una mayor participación en los ingresos fiscales de las provincias y municipios, seguramente entrará en la agenda.

Lo que surja, eventualmente, de esa negociación, determinará el nivel de actividad, al menos de los próximos meses.
Me explico.

La economía argentina está en recesión, básicamente, por los menores ingresos de lo sectores vinculados al comercio exterior –que se transforma en menos dólares que ingresan a la economía- (crisis internacional); y porque esos menos dólares que ingresan a la economía no se pasan a pesos y se incorporan al circuito económico, sino que se reconvierten en dólares y se “guardan”, por la desconfianza que tiene el sector privado respecto de las acciones del gobierno. (Dolarización de los ahorros para evitar una eventual, devaluación, inflación, expropiación, default, etc.).

Y esa desconfianza tiene su raíz central, precisamente, en la situación fiscal. (Los K. ya demostraron que cuando les peligra la caja, o tratan de cobrar más impuestos o expropian).

Hasta no despejar las dudas sobre ingresos, gastos y financiamiento del sector público nacional y provincial de los próximos años, la fuga de capitales no se detendrá. Si la fuga no se detiene, y la política contracíclica del gasto público se agota por falta de fondos, la economía profundizará su recesión.

Si, por el contrario, se envían señales claras sobre un programa mínimo de ajuste fiscal y financiamiento, la fuga puede disminuir y la economía mostrar signos de alguna recuperación en el 2010 y 2011.

Paradójicamente, en medio de las precauciones para evitar el contagio de la gripe A, los políticos no podrán lavarse las manos.

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