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Ante el Estadio Francisco I. Madero, cada integrante subió al estrado a recoger su medalla en espera de que cada uno la tuviera y dar paso así al momento que todo jugador sueña, y que muy pocos pueden vivir, levantar el trofeo de campeón.
Uno de los momentos más aplaudidos por los eufóricos aficionados, fue cuando el manager puertorriqueño Orlando Sánchez, pasó a recoger su medalla envuelto en un hermoso y típico sarape verde, el cual extendió en su espalda como cual capa de superhéroe o alas para emprender el vuelo ya como flamante campeón del beisbol mexicano 2009.
Fue así que después de esperar algunos minutos a que todos tuvieran su premio individual, y ante un cielo que se iluminó gracias a los fuegos artificiales, y como fondo la música de banda y todos los aficionados "embriagados" de felicidad y de bebidas espirituosas, llegó el momento esperado por casi cuatro décadas.
El trofeo, la nueva Copa de Zaachila, finalmente llegó a las manos de los jugadores campeones, quienes la recibieron, besaron, pasearon y la mostraron a los aficionados que en ningún momento se movieron de sus asientos y esperaron hasta lo último para gritar "Saltillo, campeón".
El famoso dicho que impera cada vez que un cortejo fúnebre recorre la ciudad, de que "ahí va otro que se murió sin ver campeón a los Saraperos", dejará de tener vigencia a partir de hoy, para poder presumir ahora el nuevo que dirá, "yo estuve ahí cuando Saltillo se coronó".
El titular del circuito veraniego de pelota en México entregó el nuevo galardón, hecho de plata pura y con un valor de más de 60 mil pesos al capitán Noé Muñoz, quien la tomó en sus manos y la levantó, mientras sus compañeros de equipo trataban de tocarla compartir esa emoción.
Después de dar la vuelta olímpica al Francisco I. Madero, la fiesta dentro del estadio terminó para continuarla afuera, en todas las calles, en los bares y restaurantes, y en todo lugar donde el amor y la pasión por el equipo del sarape esté presente, ya que está noche, "muy pocos dormirán".