Las cosas no son como son sino como se cuentan que han ocurrido, por eso la historia está siendo rescrita permanentemente a favor de los que mandan.
Con este principio de actuación, que funciona siempre porque la memoria es frágil y la propaganda es permanente, se puede conseguir que una mentira dicha mil veces acabe siendo una verdad indiscutida.
Por no referirme a hechos históricos demasiado serios y dramáticos que algunos se empeñan en negar, podríamos poner como ejemplos: ¿la felación de Lewinsky a Clinton existió o fue una invención de los republicanos?
¿El secuestro del novio de Falete se produjo o alguien soñó que había ocurrido? ¿La hija de Aznar se casó en El Escorial o lo hizo por lo civil en un Ayuntamiento de Ezquerra Republicana cuyo alcalde es gay? ¿Bibiana Aído tiene un doctorado en Sociología por Harvard o un diploma de asistencia a unos cursos de flamenco?
Las respuestas a estas preguntas se atienen a lo que quiera decir el que cuente y escriba la historia.
Eso es tan cierto como que la gente ya ha perdido el mínimo pudor y miente con el descaro propio quien sabe que la única verdad que permanece es la que se apoya más consistentemente en la propaganda.
El problema está en las hemerotecas, audio tecas y videotecas, que conservan la historia de las mentiras y de las contradicciones de quienes más hablan que son los políticos.
Zapatero, que es a quien me vengo refiriendo desde el principio de este artículo, mantiene una línea coherente en sus mentiras: nunca se atreve a dar una mala noticia y por lo tanto es persistente y empecinado cuando pinta un panorama que no existe.
Ahora que habla de una subida de impuestos “pequeña, moderada, limitada y temporal porque afectará a las rentas del capital, pero no a las rentas de trabajo ni a las sociedades, donde incluso se bajarán los impuestos” se ha metido en un buen lío porque la gente notará en sus bolsillos que no es así.
¿Y saben que ocurrirá? que algunos se encargarán de hacernos creer que los equivocados somos los paganos.
La historia la rescribirán a la medida de sus intereses políticos y de la misma forma que Mónica Lewinsky no le hizo “un trabajo fino” al Presidente Clinton, Zapatero no nos habrá subido los impuestos.
Todas estas cosas que se cuentan, son leyendas urbanas.