Miguel Ríos, con los cooperantes
miércoles 09 de septiembre de 2009, 18:42h
Actualizado: 11 de septiembre de 2009, 12:56h
Los viejos rockeros nunca mueren. Este es el título del álbum que el gran músico español Miguel Ríos puso en el mercado en 1979. Hoy, treinta años después, se confirma que sigue vivo su compromiso con la cultura y con las causas nobles y relegadas, a veces, por las administraciones a un lugar poco destacado en sus prioridades políticas. Cuando sacó ese conjunto de canciones, hacía poco que la dictadura había iniciado su camino de no retorno, tras la muerte, en su piltra, del que durante 40 años nos tuvo secuestrados en una España que toda ella parecía una cárcel, Francisco Franco.
Ya se olía a algo diferente al tufillo de porquería que entonces llenaba los ambientes. El cambio se veía venir, la democracia arrancaba lentamente y 1982 estaba a la vuelta de la esquina. Miguel Ríos, chico que maneja bien la mano izquierda y que tiene en rojo sus ideas, en aquellos años ya se enrollaba bien con los que tiraban de la cuerda para hacer desaparecer los espantajos de la derecha reaccionaria y amiga del dictador y expandir nuevos aires de libertad, tolerancia y respeto al diferente, y nuevos compromisos con las personas que menos tienen, menos reciben y que parecen no existir para los que gobiernan.
Antes se pringaba en todos los asuntos relacionados con su manera de imaginar un mundo mejor, participaba en conciertos y campañas de la izquierda española y, ahora que ha dejado los escenarios para dedicarse más a él, aparece como por arte de magia donde nadie había anunciado que estaría. En esta ocasión, en Las Vistilla, en un concierto de otros músicos, entre ellos, Aterciopelados, organizado para celebrar el Día del Cooperante.
Pocas personas, por la poca promoción del acto, algunas restricciones de hora impuestas por el Ayuntamiento de Madrid y algún regalito para los asistentes, obsequio de la Secretaría de Estado de Cooperación, impulsora de este Día del Cooperante, convertido en Semana de la Cooperación y que ha quedado reducido a una actividad sectorial más a la que acuden los de ese rollo. Ellos se lo guisan, ellos se lo comen. ¿Culpables? Todos y nadie.
Utilizando un símil futbolístico, la importancia de cada asunto-equipo depende de la división en la que juega. El Puerta Bonita pinta menos en este deporte que el Barcelona, sólo porque uno está en la Liga de Campeones y el otro en competiciones regionales. Eso mismo pasa en política, depende de dónde coloquen los gobernantes, dentro de su guía de prioridades, un asunto para conocer qué posibilidades hay de abordarlo con garantías de compromiso serio.
El presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, en algún momento de su travesía por la gobernabilidad fijó la solución a los problemas del hambre en el mundo en el centro de la diana y durante meses repitió su compromiso con el 0,7% para la Cooperación y el Desarrollo de los pueblos sin voz, ni voto, pero con mucha hambre, demasiadas carencias y gobernados por déspotas, algunas veces con el visto bueno de los occidentales y otras, con su silencio. Si no se coloca en Primera División todo lo relacionado con la Cooperación y el Desarrollo, que tanta relación guarda con el futuro de un mundo mejor, seguirá todo igual y sólo nos pondremos tiernos y sensibles el Día Internacional de los Pobres.
Los cooperantes, que en 2004 consiguieron un Estatuto en el que se recogen, por primera vez, algunas garantías para su trabajo, señalaron la fecha del 8 de septiembre como su día para extender sus pensamientos, experiencias y tratar de concienciar a los demás de la necesidad de ayudar a los países más pobres con dineros para que haya una sanidad decente, una educación lógica y menos cafres reinando en sus países y metiéndose en el bolsillo lo que va para que coman los suyos. Estamos donde estamos, y menos más que sorpresivamente sale al escenario Miguel Ríos, quien con sus presencia colocó a los cooperantes en el lugar que les corresponde: al frente de la batalla contra la injusticia, la pobreza y la lucha por un mundo mejor para todos, no sólo para los que deciden sobre los demás.