El proyecto de Ley de Comunicación auspiciado por el Gobierno, más allá de los peligros que implica para la libertad de expresión y el acceso a la información (riesgos que han sido claramente expuestos en las últimas semanas y que, sin embargo, no han logrado sacar a la gente de su lamentable modorra), contiene otros elementos nocivos.
Un ejemplo es el artículo 40, que dice: “En la difusión de contenidos musicales las estaciones de radiodifusión sonora en todos sus horarios, espacios y condiciones deberán incluir en su programación un mínimo del 50% de música producida, compuesta; ejecutada en Ecuador y el 50% de música internacional, conforme lo establecido en la Ley de Cultura y en la presente Ley”. La primera duda es si el trabajo de un artista ecuatoriano que vive afuera del país se considerará música nacional o extranjera.
Pero aparte de estos vacíos que suelen dejar los textos de Alianza PAIS (AP), redactados al apuro, lo de fondo es la intención de que la mitad de la música que pasen las radios sea nacional.
Al parecer, en el Gobierno no están al tanto (debe ser por eso que sólo cantan la canción del Che o la de la espada de Bolívar) de la cantidad de nuevos artistas ecuatorianos, de diversos géneros, que han ganado espacio en la radio por sus propios méritos, sin necesidad de que nadie imponga su presencia a través de una ley.
(Claro que muchos otros no han alcanzado estos espacios, pero al respecto cabe preguntarse si eso se debe a falta de apoyo a lo nacional o a que el trabajo de estos artistas no llega a un nivel mínimo de calidad.) En AP tampoco deben saber de los programas que, por voluntad propia, difunden principalmente a artistas nacionales.
En Ecuador hay músicos con talento suficiente para competir con destacados artistas extranjeros, no sólo para hacerse un espacio en el país, sino también para darse a conocer afuera. Esa debe ser su verdadera meta, y no copar las radios locales gracias a “favores” del Gobierno. Irónicamente, el mismo Gobierno que se ha mostrado tan complaciente con la piratería.
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