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La carga de Lavalle

La carga de Lavalle

jueves 29 de abril de 2010, 21:43h
Última actualización: miércoles 05 de mayo de 2010, 19:50h
Juan Lavalle fue un legendario militar argentino, que dejó su huella en la independencia del actual Ecuador.

Había nacido en Buenos Aires, el 17 de octubre de 1797. En 1812, a sus catorce años, ingresó como cadete en el Regimiento de Granaderos a Caballo. Al año siguiente ya estaba en combate y por su valor fue ascendido a teniente. En 1816, su regimiento se unió en Mendoza al Ejército de los Andes formado por San Martín y en 1817 Lavalle se destacó en el combate de Achupallas. Ya en Chile, actuó lucidamente en Chacabuco, donde fue ascendido a capitán, y luego en Maipú, donde sus granaderos, junto con los regimientos de Zapiola y Freire, vencieron a la caballería realista.

Llegado a Perú y peleando siempre a la vanguardia, con una carga de 80 granaderos venció a 600 realistas en Nazca, el 15 de octubre de 1820, causándoles 60 muertos y tomando 86 prisioneros, más 300 fusiles. Hombre de arrojo temerario, con otra carga puso en fuga a la caballería española en Paseo, el 6 de diciembre y, con otra más, derrotó luego a un regimiento realista en Jauja, causándoles 80 bajas y tomando 20 prisioneros, entre ellos al teniente coronel altoperuano Andrés Santa Cruz. Sus acciones pesaron mucho en la decisión española de retirarse con sus tropas a la sierra peruana, dejando al Protector San Martín en absoluto control de Lima y la costa.

Fue entonces que el libertador del Perú, atendiendo al pedido de la Junta de Gobierno de Guayaquil, decidió enviar tropas a Loja, para que se unieran al ejército libertador comandado por Sucre. Dirigida por el coronel Andrés Santa Cruz, convertido ya en jefe patriota, la División Peruana traía los batallones de infantería Piura y Trujillo y un batallón argentino de Granaderos a Caballo, al mando del legendario Juan Lavalle, que entonces tenía 25 años.

El ejército de Sucre avanzó cuidadosamente hacia Riobamba, donde lo esperaba la poderosa caballería realista, que en Huachi había destrozado dos veces a los ejércitos libertarios de Guayaquil. El 21 de abril, en medio de una mañana lluviosa que había enfangado el terreno, Lavalle recibió de Sucre la orden de reconocer las posiciones del enemigo para preparar un plan de ataque. Pero éste fue más allá y cargó con sus 96 granaderos contra una caballería española tres veces mayor, a la que hizo retroceder. Luego regresó al trote a sus posiciones, provocando un contraataque realista, que se produjo de inmediato.

Entonces el gaucho respondió con el consabido “Vuelvan caras”, en una carga imbatible, a la que se sumaron los Dragones colombianos. Sorprendida y luego destrozada por la carga de Lavalle, la caballería realista huyó a Quito y no volvió a entrar en combate, dejando abierto el campo para el avance triunfal de Sucre hacia Pichincha.

En su informe a San Martín, Sucre escribió: “Lo mandé (a Lavalle) a un reconocimiento a poca distancia del valle y el escuadrón se halló frente a toda la caballería enemiga y su jefe tuvo la elegante osadía de cargarlos y dispersarlos con una intrepidez de la que habrá raros ejemplos. Su comandante ha conducido su cuerpo al combate con una moral heroica y con una serenidad admirable”.

En Riobamba, la calle “Argentinos” recuerda la hazaña de Lavalle y sus heroicos granaderos a caballo.

jorge.nunez@telegrafo.com.ec
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