miércoles 26 de mayo de 2010, 18:30h
"Envejecer no ofrece ninguna ventaja. Por el contrario, te quedas sordo, te indigestas y te afeas. Mal negocio. Les doy un consejo: si pueden, no envejezcan. No tiene nada de romántico ser el abuelo de la historia. Es mejor ser el galán y quedarse con la chica". Quien así habla es Woody Allen, en Cannes, después de la presentación de su última película, exhibida fuera de competencia, You will meet a tall dark stranger (Conocerás a un extraño alto y oscuro).
El discurso contemporáneo sobre la vejez en los países desarrollados es duro e implacable contra los que ya no son jóvenes. El culto es al instante, a la energía de hacer de cada día una vida diferente, al soñar sin límites, a la juventud en último término. Cuando envejecen, los personajes terminan desapareciendo asépticamente, como en las novelas de Michel Houellebecq. Por supuesto que la cuota de depresión que los va minando proviene de esa misma juventud, que no hace sino agotarse a sí misma. Esa desesperanza por la vejez tiene una historia clásica: del viejo Edipo de la tragedia griega pasando por el Lear de Shakespeare hasta el Aschenbach de Mann.
En nuestros países, ese mismo discurso es hipócrita. Nadie se atreve a poner en cuestión a la sabiduría de la vejez, pero la cultura está hecha de olvidos premeditados. La memoria histórica es una "especialidad", lo que quiere decir que está puesta entre paréntesis en uno de los tantos cajones de la oficina. En las prótesis, en los requisitos de ofertas de empleo, en la prédica del consumo, en la publicidad de la eterna juventud, la sabiduría de la edad máxime sirve para una viñeta de la prevención contra el cáncer del colón.
En su comedia, Allen ha hecho comparecer a la muerte, que es ese extraño alto y oscuro "que, al final, encontramos todos". La evocaba el poeta clásico Píndaro al hablar del "enigma propuesto por la boca de una virgen cruel". Solo que Allen prefiere, para encararla, la risa de la lucidez desencantada. Los personajes de su película son humanos, demasiado humanos. Solo que, como corresponde a una comedia, la parodia es la forma de revelación de la condición humana. Anthony Hopkins es un hombre maduro que se niega a envejecer usando viagra para satisfacer a su amante; su hija esta dividida entre el marido escritor fracasado y un posible amante representado por Antonio Banderas; la esposa de Hopkins recurre a las cartas para encarar los temores al vacío y al aburrimiento. "Me atraen estos tópicos y me encantan los personajes que buscan un significado en sus vidas y persiguen sueños y ambiciones sin cumplirlos". La tragicomedia como antídoto contra la muerte.
Borges, humorísticamente, enfrentaba a la muerte negando nuestra condición temporal. Siempre había la posibilidad de sobrevivir en un tiempo mientras se moría en otro. La eternidad, aunque siniestra, permitía, en el mejor espíritu platónico, abolir sufrimientos y eliminar adversidades. Mortales, en cambio, los personajes de Allen se distraen elaborando coartadas, la mayor parte tediosas, para creer que nunca van a morir. Pese a todo, el extraño esta a la puerta.
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