Es un hecho. Nos encanta mirar y ser mirados. A los humanos, digo. Por eso las teles (tan al cabo de la calle) hace años que se dieron cuenta de que contar las miserias ajenas sale rentable. Véase Gran Hermano, Supervivientes, Belén Esteban en su décimo segunda temporada de Ambiciones (y seguimos) o Callejeros, madrileños por el mundo (el pionero) y todos los que le siguieron después (españoles por el mundo, andaluces…
Somos así. Nada para resarcirse de la desgracia propia como ver que a otros no les va mejor, incluso peor. “Mira esos pobres gitanos que no tienen ni pa comer y nosotros por lo menos somos miluristas”.
La Sexta tuvo a bien contratar el programa Mujeres Ricas y se ha disparado el share. Yo, que soy una consumidora compulsiva de la televisión, tanto que ya la uso hasta para dormir, tuve el goce y el deleite ayer de verme del tirón los tres capítulos en internet. ¡Y qué orgasmo!, ¡qué placer! Si no han visto ese programa que sepan ustedes que no son nadie en el universo. Varias mujeres cuyas vidas son paralelas en varios aspectos, de repente se me ocurren dos. Uno que tienen dinero (mucho, mucho) otro que resultan a ojos de un determinado tipo de espectador, un tanto memas (claro que unas más que otras, en esto también hay grados)
Son varias, las hermanas Collado forman un bloque. Rubias de estas que te encuentras con facilidad en Costa Peluquera (véase Punta Cana) con más pinta de chonis que de señoras de dinero y cuya ocupación es: ser ricas. ¿De dónde proceden los ingresos? De sus ex maridos, claro. Al menos una de ellas hizo bien los deberes y tuvo un par de niñas. Primera regla que toda mujer que aspire a vivir de un hombre tiene que cumplir. Haciendo esto se garantizan unos años de pensión alimentaria y ya se sabe que los ricos comen más caro. Con un poco de suerte y un ex más bien bobo hasta puedes quedarte para siempre con la casa y con una pensión compensatoria. No se las ve malas chicas, sólo un poco desnortadas. Martes, una de la madrugada (a la hija de 14 años): “Cariño, no te acuestes tarde, me voy ya (se va de copas)” Lo que todas las madres hacen entre semana con hijos adolescentes para que vaya cundiendo el ejemplo. Pero éstas, en el fondo, las encuentro inofensivas. Me pregunto qué haría el ex viendo el programa. Apuesto cualquier cosa a que al día siguiente tuvo cita con la manicura para arreglarse los muñones.
Luego está Olivia Valere. La verdad es que de ella poco puedo decir puesto que todo lo que tiene se lo ha ido ganando a pulso con su trabajo. Sólo que, como dice mi amiga Belén, “a mí me encantó el marido, hace falta estar aburrido en la vida para educar un loro” Su fiesta de las pamelas con besos entre las invitadas vía aérea es de lo más naif que he visto en años en televisión.
Y nos faltan las dos que yo creo que dan verdadero juego al programa. Una es Mar Segura, la otra Marianna Nanni.
Vayamos con la primera. Y qué mejor que sus frases para presentarla. “Un Miró sólo lo puede pintar Miró” una observación sagaz de una experta consumada en arte “a mí el arte me persigue” que muy probablemente no sepa distinguir un Mantegna de un Paul Klee. Bueno y con dificultad un Gucci del “yacuchi” que es como ella llama a las bañeras esas con espuma. “Me encanta el barco porque me da sensación de libertad” esto se le debió de quedar de reminiscencia de cuando joven escuchaba las baladas de Perales en una barriada de El Ejido que es de dónde procede ella y dónde estaba condenada a quedarse de no haberse casado con un millonario. Ella es mona y si no abre la boca hasta te puedes creer que fue a Eton un día a merendar pero como testigo presencial ahí sale su madre que le recuerda allá por dónde va, de dónde procede (por cierto que su señora madre es lo más real de todo el programa) "María del mar antes estaba gordica, pesaba como setenta y cinco kilos". Empeñada en que su marido (entendemos que es rico por la construcción) le regale un Miró que “cuesta más de 300.000 euros” a estas alturas del programa no lo ha conseguido pero confiamos en su potencial. “Mar, cariño, ¿es que no lees los periódicos, no ves la tele”? “Estamos en crisis”, le dice el sufrido esposo en el coche… “ese dinero viene muy bien para la liquidez de la empresa, para pagar las nóminas…” Anda que el marido tiene cada pregunta...
No tiene hijos. No quiere, “privan de libertad” y “es que yo no sé qué decirle a un bebé” Yo te entiendo Mar, yo tampoco sabría de qué hablar contigo en una cena. Mar, más cateta que las amapolas, ha demostrado que no es muy lista. Cuando se le empiecen a caer las carnes (el tiempo pasa para todas) y su marido puede que fije la mirada en muslos más prietos, su glorioso imperio en Aguamarga puede que se desinfle y a la pobre sólo le quede en herencia el velero a que a buen seguro lo llamará libertad. Una lástima, no ha cumplido con la primera norma de una cazafortunas: preñarse.
Y ya por último Nanni. Todo un personaje en Argentina, aquí está todavía en pañales. Casada con un ex jugador de fútbol es, como casi todas las argentinas; lista, rápida, irónica, casera y amante madre (claro que a su modo) Y, además es chula, prepotente, cínica y con todo bien atado. Afincada en Marbella en un chalé dónde hay más perros, gatos y servicio que miembros familiares, educa a sus gemelos (17 años) a su imagen y semejanza. El niño, por aquello de ser niño, se salva (eso parece). La niña está preparada para cazar un millonario y seguir viviendo de colgarse en una barra (como las de los puti clubs) hacerse las uñas e ir a fiestas con ricos: “a mamá no le gusta que vaya con pobres” Suponemos que la niña estudia, pero sólo lo suponemos. Como también suponemos que eso no es una gran preocupación para la mami y mucho menos para la niña que para eso es mona y tiene un útero. Sólo faltaba eso
Estoy deseando que llegue el viernes por la noche para volver a verlas…¿qué haríamos sin estos ratos de diversión? Los bufones siempre han sido necesarios en todo tipo de cortes ¿o no?
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