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Bolívar Echeverría

Bolívar Echeverría

miércoles 09 de junio de 2010, 19:59h
"La pregunta es la piedad del pensar". La primera vez que oí hablar de Bolívar Echeverría, fue en una tarde en los lejanos años de la década del setenta, en Quito, cuando Iván Carvajal, en medio de un análisis sobre la herencia heideggeriana en América Latina, me contó, para mi asombro y envidia intelectual, del amigo que en la década anterior se había marchado a Alemania a estudiar con el maestro de "Sein und Zeit". Heidegger, ciertamente, no daba ya clases desde mediados de los treinta, entre otras cosas, por sus cuestionamientos, incapaces de ser asimilados incluso por la universidad alemana, pero la aventura intelectual fue decisiva. El asunto de Heidegger -die Sache des Denkens- era el cuestionamiento no solo de toda la filosofía occidental desde Platón, sino sobre todo del proceso civilizatorio en que se desplegaba Occidente y del que formábamos parte.

Es probable que para algunos resultase excesivo en aquellos años. ¿Qué tenía que decir Heidegger a una América Latina convulsionada, al borde de la revolución, según decía la casi totalidad de los intelectuales jóvenes de la época, preocupados de una filosofía para los procesos de cambios que se vivían? Como crítico de la Modernidad y como pensador en los tiempos de penuria de la época de la técnica, Heidegger fue uno de los interlocutores imprescindibles para el pensar de Bolívar. Lo fue también la cultura alemana.

"La presencia de la modernidad capitalista es ambivalente en sí misma. Encomiada y detractada, nunca su elogio puede ser puro como tampoco puede serlo su denuncia; justo aquello que motiva su elogio es también la razón de su denuncia". Bolívar ingresó en el Instituto Libre de Berlín para elaborar una lectura sin paralelo de la obra de Marx, al punto de poder llegar a plantear el discurso marxista como un discurso crítico a la Modernidad. Marx, para Bolívar, miraba el devenir histórico como un drama en el cual "lo que acontece existe en la medida en que los actores representan sus respectivos papeles".

El optimismo de Marx se ve confrontado por el carácter "posmoderno" de la contemporaneidad. ¿Cómo borrar en nombre del progreso los dolores y los gritos de las víctimas que han caído en el camino? ¿Es posible creer en una marcha ascendente de la historia en la que la memoria termine abolida porque las realizaciones del futuro excluyen la obra del mal?

"Al concepto de progreso, hay que fundamentarlo en la idea de catástrofe". Desde La Bufanda del Sol, Bolívar Echeverria colaboraba con el envío y la traducción de textos de autores que eran desconocidos en nuestro medio, y cuyo aporte intelectual era imprescindible para entender la Modernidad. Se trataba de Walter Benjamin. Pero la obra de Benjamin conducía además, en uno de sus pasadizos, al concepto de lo barroco como estrategia civilizatoria. ¿No estábamos hablando aquí de América Latina? Si todo pensar es un diálogo con los interlocutores que reúne, la última palabra la tiene el convocante para consignarla en la memoria. "Pon tu bandera a media asta, /memoria, a media asta/ hoy para siempre".

alandazu@hoy.com.ec
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