A todo quisque: La lengua y el sexo (II)
miércoles 12 de enero de 2011, 21:28h
Les prometí que les iba a hablar del sexo y la lengua, pero tengo que decirles que la lengua es tan asexuada casi como dicen que son los ángeles. No existe un lenguaje sexista, existe lo que nosotros queremos que sea, es decir, utilizamos la lengua como nos conviene. No es neutra pero puede ser neutral. Tantos siglos de dominio masculino han dejado una impronta imborrable. La mujer en la cocina y con la pata quebrada es un dicho o frase hecha que pertenece a nuestra tradición. Algo así como el burka para las árabes, aunque un poco más sutil. Digo esto porque cuando decimos que el género masculino abarca al femenino, o más grave aún, es el más noble, como se decía en el siglo XVII, el único fin es que invisibiliza a la mujer. Lo que no se enuncia pues no existe. Todos, y mi incluyo, somos unos hipócritas de pacotilla, quizás por ese miedo atávico a que nos quiten protagonismo. Las mujeres estudian, y sólo hay que ver el número de féminas en nuestras universidades en comparación al número de hombres. Y esto lo han conseguido a base de esfuerzo y tesón. Nadie les ha regalado nada. Al revés, seguramente el esfuerzo ha sido mayor, aunque su recompensa sea mínima.
Seguramente no las dejen lleguar a ser jefas, pero si llegan ya sólo este apelativo parece peyorativo en comparación al de jefe. A la jefa la vemos con la sartén en la mano, cabreada y detrás de la puerta, es nuestra mentalidad. Cuando en una reunión hay 10 mujeres y un hombre, utilizamos el masculino gramatical, y nos quedamos tan panchos, pero si utilizamos el femenino en la misma situación, el varón se mosqueará. El porqué lo llevamos en nuestros genes culturales. Dicen los señores académicos de la Lengua, claro que son señores, que el término no marcado engloba al femenino. Sin duda, es una excusa barata. No sé por qué hay tanta reticencia cuando hablamos de la mujer y de su presencia en nuestras vidas. Y un servidor se pregunta, y no es una interrogación retórica de esas que no buscan respuesta, qué haríamos los hombres sin las mujeres, posiblemente casi nada.
Es curioso, las propias mujeres llamadas feministas están obsesionadas por salvar al varón e integrarles en este mundo moderno. Más que al mundo moderno al microcosmos doméstico, porque entienden que de esa manera se podrá llegar a la igualdad. Creo que todavía tienen mucho de madre, y confunden los términos pues nadie les ha enseñado ni les ha facilitado a las mujeres su integración en el mundo laboral, por ejemplo. La lengua no hace distingos aparentes entre un sexo y el otro, pero es muy cierto que el femenino siempre está en segundo plano. Si nuestro pensamiento está configurado por el lenguaje como decía Unamuno, tardaremos mucho, mucho tiempo en dar a las mujeres el lugar que les corresponde, que no es otro que el de la igualdad con el varón. No, no por una paridad oficial y hasta ficticia, sino por justicia.
Este artículo les ha podido parecer un “coñazo”, pero yo creo que es “cojonudo”. ¿Se dan ustedes cuenta de cómo influyen las palabras en nuestra forma de pensar?