Por muy propia de los Estados Unidos que nos parezca, la práctica lobbística también es muy habitual en nuestros lares y no desde hace cuatro días, precisamente. Últimamente, quien se ve acosada por la actividad de algunos de estos grupos de presión es la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, a raíz de la ley que no consigue impulsar para evitar descargas gratuitas por internet, y contra la que están quienes le tienen el ojo echado. Por ejemplo, Red-SOStenible, que, mediante un envío masivo de mails hace proselitismo de sus postulados contrarios a la denominada ley Sinde y, a la vez, incita a los receptores a enviar correos electrónicos a los senadores -de quienes publica su dirección en este formato- para solicitarles que se opongan a la iniciativa legal ministerial. El argumento, explicado de forma rápida, es que, si hay un lobby paralelo -de artistas, básicamente y, además, por lo que parece, afines en un grado u otro al PSOE- que presionan para que la Ley salga adelante, los representantes escogidos por el pueblo deben oponerse a la misma porque esta es la voluntad mayoritaria.