Pasaba por aquí: La perspectiva
miércoles 23 de febrero de 2011, 21:32h
Actualizado: 24 de febrero de 2011, 00:52h
¿Recuerdan el primer trasplante de corazón? ¿Aquel que llevó a cabo el cirujano sudafricano Barnard? Ocurrió en 1967 así que puede que la memoria nos falle, pero aquí tenemos Internet para recordarlo.
Pues bien, no voy a escribir sobre trasplantes ni sobre corazones. He recordado una minucia referida a esa intervención quirúrgica excepcional. La minucia es una fotografía. El cámara retrató al médico dando relieve a sus manos, las manos casi mágicas que habían propiciado un casi milagro médico. Esas manos aparecían en primer plano de la imagen, de tal forma que parecían enormes, desproporcionadamente grandes respecto a la cabeza y el resto del cuerpo del doctor. Nada que llamase la atención, incluso entonces, a cualquier lector de prensa europeo o norteamericano. Pero hete aquí que la imagen llegó a cierto lugar de África y quienes la vieron se mostraron horrorizados porque les pareció un ser monstruoso aquel tipo de manos gigantes y cuerpo diminuto… ¿Y?
Pues que no conocían, al menos no entonces, ese truco de la perspectiva, esa forma de entender las dos dimensiones, ese punto de vista que puede trastocar casi cualquier cosa.
Se suele decir que para tener perspectiva hay que tomar distancia, lo saben bien los pintores de paisajes. Si estás en medio de un bosque nunca podrás pintar el bosque, sólo detalles cercanos y, así, el bosque deja de serlo en el cuadro para convertirse en un conjunto de hojas, ramas y pajaritos.
Aquí quería yo llegar, ya perdonarán el rodeo y el paseo por el bosque.
Están ocurriendo cosas. Muchas cosas. Un exceso de cosas en este mundo nuestro del siglo XXI. No acabamos de asimilar lo ocurrido en Túnez y ya tenemos otro tanto en Egipto. Descubrimos que Bahrein existe, que Libia está empezando a dejar de ser la enorme jaima de un tal Gadafi y que, en general, los habitantes de decenas de países, llamados “islámicos”, son muy jóvenes, han estudiado, se mueven por Internet igual que cualquier chaval de Burgos y, por concretar, están hasta los mismísimos de las dictaduras, el enriquecimiento de sus “líderes” y los desmanes de castas enteras de reyezuelos y sinvergüenzas.
¿Y qué hacíamos nosotros mientras tanto? Pues no tener perspectiva. Pensar que allá se pudran, comprender que mejor no mirar siquiera por aquello del precio del petróleo. Cerrar los ojos y los oídos y dejar estar… no vaya a ser que nos salpique.
Pues nos salpica. Sí, ya lo siento. Hay millones de personas ahora mismo removiéndose, revolviéndose, revolucionándose. Millones de gentes como nosotros que no quieren seguir esperando para tener libertad y han decidido jugarse la vida por conseguirla.
¿Dónde o cuándo terminará todo esto? No lo sabemos. No tenemos perspectiva, ocurre ahora y estará en los libros de historia en breve. Aprovechemos pues para preguntarnos por el mundo, por lo que pasa, por lo que puede pasar.
Un lejano trasplante (fallido por lo demás) hizo historia en 1967 y nos trajo un montón de vidas nuevas para muchos enfermos. Veintidós años después de aquello cayó el muro de Berlín. Y hoy, veintidós años tras la caída del muro, están derrumbándose otras murallas que, hasta ahora, ni habíamos visto.
Debe ser verdad que así, sin que nos demos cuenta casi, se escribe la historia.
Ana Ruiz Echauri. Periodista.