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Escritos en libertad: Políticos radioactivos

Escritos en libertad: Políticos radioactivos

jueves 17 de marzo de 2011, 21:04h
Actualizado: 22 de marzo de 2011, 23:42h
La sabiduría popular reconoce que la incontinencia  verbal suele acarrear graves problemas, mayores en todo caso que el silencio. Especialmente significativos son esos momentos en los que los políticos pierden la oportunidad de estar callados. La cosa resulta grave cuando quien habla de más es un político y la frase la pronuncia negligentemente o, lo que aún resulta peor, a sabiendas de que es mentira cuanto dice y con la sospechosa intención de su medro personal. La historia es pródiga en anécdotas. Rescatamos dos paradigmáticas cuando el mundo está pendiente de la tragedia nuclear en Japón. Un día antes del tsunami que acabaría provocando el accidente, José María Aznar reunió a quienes le jalean en estos asuntos para presentarse como el nuevo abanderado en la defensa de la energía nuclear, respondiendo sin duda a las indicaciones de la empresa eléctrica para la que trabaja. Dijo lo ya sobradamente repetido estos días: que la energía nuclear es la más segura y la que garantiza a España mayor independencia energética. Desgraciadamente los hechos le han desmentido con tal contundencia que si tuviera un ápice de vergüenza, se mantendría ya calladito el resto de su vida. Pero ya dice el refranero que no hay dos sin tres y Aznar no se va a conformar con menos. Veremos lo que nos depara. La otra metedura de pata histórica fue aquella cuando engañó a los españoles, personalmente también a los directores de los periódicos más importantes de España, al garantizar bajo palabra de honor que el atentado del 11-M había sido obra de ETA. En su arrogancia posterior, convocó una manifestación que acabó convirtiéndose en su propio calvario. Escribí el mismo día de la convocatoria que pasaría a la historia como el único presidente que convocaba una manifestación contra sí mismo. Pero ese es otro asunto. Volviendo a las mentiras en materia energética, otro de los más locuaces es el ministro Miguel Sebastián. Les recuerdo la frase: cuanta más energía se produce en España con el viento y con el sol, más nos cuesta a los españoles. Se cargó de un plumazo toda la estrategia seguida por Zapatero y engañó al propio presidente, que tampoco ha estado exento de hacer el ridículo cuando dijo que había creado, naturalmente él, porque se hizo por decreto, una burbuja fotovoltaica. Y todo para contentar a las compañías eléctricas que reclaman más nuclear mientras cuentan el billón de pesetas que han declarado como beneficio en el 2010. El viento, el sol y el agua son las únicas energías baratas (gratis), aunque a corto plazo necesiten en algunos casos mayor protección económica hasta lograr un desarrollo tecnológico óptimo. De todo lo demás, España carece. El carbón nacional también resulta simbólico. Las energías generadas con gas, petróleo y uranio, no solamente resultan caras e inseguras, sino que además reducen la soberanía de España, ya que cualquier tirano de medio pelo nos puede poner en jaque. No nos alcanza la respiración viendo lo que ocurre en los países árabes. Mintió también Aznar cuando dijo que la energía nuclear nos otorga independencia. Porque España ni tiene ni logrará tener la tecnología ni la materia prima para producir por sí misma las barras de uranio que alimentan las centrales nucleares. Mienten, engañan a los ciudadanos y únicamente la desgracia de un pueblo, como ahora ocurre en Japón, evidencia sus mentiras. Ninguno de los dos políticos, naturalmente, ha pedido perdón todavía. Fernando Aller. Periodista.
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