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Volvemos a ser emigrantes

jueves 28 de abril de 2011, 08:53h
    España vuelve a ser un país de emigrantes. Lo fuimos históricamente: de emigrantes, de exiliados, de aventureros. Pero en años recientes, España había pasado de ser punto de partida a ser país de acogida. En el año pasado, en el 2010, 130.000 españoles emigraron, cifra que sumada a los que ya estaban en el extranjero nos lleva a una población fuera de España de más de un millón setecientas mil personas , lo que convierte a esta comunidad de la distancia entre las más pobladas de España, por encima de Murcia, Cantabria, La Rioja, Asturias, etcétera. Y, a diferencia de la emigración a América de hace un siglo o de la emigración a Europa de los años 50 y 60, quienes ahora se marchan no buscan su destino laboral en los oficios que no querían los mexicanos o los belgas, los chilenos o los alemanes, sino que son, en buena parte, profesionales cualificados: médicos, arquitectos, ingenieros que no encuentran en nuestro país un puesto de trabajo. Ya no es, en fin, el pobre españolito que huía del hambre con una maleta de madera, primero en un bergantín rumbo a La Habana y décadas después en un tren o en un autobús con destino a Bruselas, a Zúrich o a Bonn.       Cambian los tiempos, pero los desequilibrios y la crisis hacen que, nuevamente, en España sobren españoles, mientras el  paro crece como una enredadera envenenada que podría alcanzar mañana, oficialmente, un porcentaje del 21 por ciento de desempleo, la cifra más alta desde que existen datos estadísticos y una tragedia colectiva con unos cinco millones de víctimas directas.     Y, cambiando de asunto, y dado el respeto que nos merecen los oyentes que intervienen en “Protagonistas”  con sus opiniones en plena libertad, ayer una persona, un amigo,  nos llamó desde Alicante y nos contó que había visto una entrevista de Iñaki Gabilondo al presidente Zapatero en el que éste, el jefe del Ejecutivo, decía que en España, y en estos momentos, convenía crispar, que era buena y saludable la crispación, quizá para movilizar el voto ante las elecciones del día 22 de mayo. Confieso que mi reacción fue de perplejidad, de incredulidad… “Es imposible  -dije- que un político que está al frente de la nación pida crispación”. Puede pedir ilusión, honradez, laboriosidad, prudencia, unidad, etcétera, pero crispación, nunca jamás. Pues hoy les tengo que confesar, al comunicante de ayer y a todos los oyentes de “Protagonistas”, que he metido la pata, porque lo que decía el oyente de Alicante, eso de que Zapatero veía necesaria la crispación, es verdad, tal como hemos comprobado en una grabación de la entrevista. Amigo oyente de Alicante, perdóneme por mi incredulidad y hasta por mi indignación, pero tenía usted toda la razón. Quienes no la tenemos soy yo, por no haberle creído, y Zapatero por decir lo que, sinceramente, nos parece una barbaridad. > Escuche las columnas de Luis el Olmo en vídeo:
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