Opinión: Domingo del Pino
Egipto: Atraco al Estado y al pueblo
lunes 09 de mayo de 2011, 10:54h
Actualizado: 10 de mayo de 2011, 20:25h
Ignoro si las primaveras árabes llegarán al verano con flores o con espinas pero los cambios y las revelaciones que han propiciado en algunos países ya han valido la pena. Las revelaciones preliminares de las investigaciones posteriores a la salida del Presidente Hosni Mubarak del poder el pasado 11/15 de febrero sugieren un aterrador y criminal atraco al Estado y al pueblo egipcio por parte del expresidente y de la clase dirigente más próxima a él. Según la prensa la Oficina de las Ganancias Ilícitas, que pertenece al ministerio de Justicia y dirige Assam el Gohari, parece estimar en 200.000 millones de dólares la fortuna acumulada por el expresidente Hosni Mubarak y tres de sus principales colaboradores. De esa fantástica suma 70.000 millones corresponderían a los Mubarak.
Los otros tres acusados que se encuentran ya en la prisión cairota de Tora, adonde el fiscal general quiere que sea trasladado también Mubarak, son Safwat al Cherif, exministro de Información en los últimos 22 años del régimen, Zakaria Azmi, durante 21 años jefe de Gabinete del expresidente, y Fathi Sorur, portavoz de la Asamblea Popular (Parlamento) egipcia. Al igual que Suzanne Mubarak, las esposas de esas tres personalidades del régimen, Iqbal Helmi, Bahia Halawa, y Zeinab el Foli respectivamente, pueden ser también imputadas y llamadas a declarar.
Como ocurre con la enorme estafa que está detrás, según algunos, de la crisis que desde 2008 padece el mundo entero, puede la estafa egipcia tampoco pueda ser totalmente castigada no porque no constituya un delito sino porque una parte considerable de esas fortunas procede de comisiones cobradas por contratos de compra venta de armamentos, algo muy difícil de probar si los estados no rompen voluntariamente el secreto que siempre rodea a este tipo de operaciones.
Otra parte de las fortunas procede del tráfico de influencia. A Mubarak, en concreto, se le puede acusar si se le llega a juzgar, de dos posibles delitos: haberse beneficiado desde los años ochenta de la gestión de la ayuda militar norteamericana a Egipto, y del contrato de venta de gas egipcio a Israel, que la oposición considera fraudulento.
Los medios egipcios han señalado en estos días que el actual mariscal de campo Abdelhalim Abu Ghazala, que era agregado militar egipcio en Washington a mediados de los años setenta, y otros muchos oficiales, pueden ser imputados en el caso. En cuanto al presunto contrato fraudulento de venta de gas a Israel, la prensa afirmaba recientemente que ha supuesto un lucro cesante para el estado egipcio de unos 700 millones de dólares al año que procederían del precio de venta de gas pactado y su precio en el mercado. Es un lucro cesante que irá en aumento si Egipto no denuncia el contrato ya que el precio original pactado es fijo hasta la conclusión del acuerdo 25 años después de la fecha de su firma.
En los dos casos aparece involucrado el tiburón de los negocios egipcio, Hussein Salem, a quien Mubarak ayudó a crear la EATSCO (Egyptiam-American Transport and Services) para monopolizar todo el transporte de suministros militares norteamericanos a Egipto, y la EMGC (East Mediterranean Gas Co.) para todo lo relativo al contrato de gas con Israel.
El presidente Mubarak podría además acusado de haber dado la orden de disparar contra los manifestantes durante los 18 días de revueltas de enero y febrero y en consecuencia de ser el responsable último de la muerte de unas 850 personas. Por este delito, si juzgado y probado, podría ser condenado a la pena de muerte.
Desde el principio de la revolución egipcia, Arabia Saudi y otros países del Golfo se habían opuesto a que Mubarak fuese juzgado y habían amenazado con retirar sus inversiones, y ayudas financieras a Egipto si no se le excluía de los juicios que siguieron a la caída de su régimen. Asimismo habían hecho saber que la admisión de trabajadores egipcios en los países del Golfo, una válvula de escape formidable para Egipto dada su demografía y sus desempleados, y al mismo tiempo una sustanciosa fuente de remesas para el país.
La visita de cinco días a varios países del Golfo que acaba de finalizar el jefe provisional del gobierno egipcio Essam Sharaf parce no haber tenido resultados satisfactorios y a su regreso declaró que Egipto es objeto de presiones intolerables que no aceptará. Algunos medios egipcios se han preguntado después si acaso Arabia Saudi y los países del Golfo van a encabezar la contrarrevolución en Egipto. Una de las principales diferencias entre Arabia Saudi y los gestores de la revolución en Egipto es el cambio de orientación de las relaciones internacionales iniciado por estos últimos, muy en especial el acercamiento a Irán, enemigo número uno de Ryad. Este mismo mes está previsto un encuentro de ministros de Asuntos Exteriores egipcio e iraní que debe sellar el nuevo ritmo de la política exterior egipcia.
En Oriente Medio la revolución primaveral árabe comienza a ser sustituida por grandes maniobras regionales cruzadas entre ellas el liderazgo religioso que asume Arabia Saudi, la proposición de Turquía como modelo de estado islámico compatible con Occidente y la modernidad, que permitiría a Ankara recuperar liderazgo en una región que dominó durante quince siglos, y las aspiraciones de Qatar a convertirse en un mini-polo de influencia cercano a Occidente y propulsor de un islamismo moderado y moderno. Sobre todas ellas planea en filigrana el conflicto árabe israelí que puede complicar la reciente pero relativa reconciliación entre Fatah y Hamas, y lo que ocurra en la ONU en Septiembre con el futuro estado palestino.
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* Domingo del Pino es especialista en el mundo árabe, ex delegado de la Agencia EFE en Marruecos, ex corresponsal de El País para el Norte de Africa, fue miembro de la Euro Med and the Media Task Force de la Comisión Europea y, actualmente, es miembro del consejo editorial de la revista bilingüe Afkar/ideas; colaborador de Política Exterior y Economía Exterior; de la Revista Española de Defensa; y director del Aula de Cooperación Internacional de la Fundación Andaluza de Prensa.