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MODAS INFAMESCocaína

lunes 16 de mayo de 2011, 09:39h
Actualizado: 23 de mayo de 2011, 16:26h
La capacidad de reflexión, estudio, lucha y sacrificio de la especie humana es, al menos, tan grande como su  inclinación a la estulticia y a la debilidad. Lo malo es que casi siempre ambas vertientes coexisten, en el espacio y en el tiempo y es solo el individuo quien, en el ejercicio de su libertad, elige uno u otro camino en su vida, muchas veces mediatizado por su   gregarismo, que es tanto como decir, por su inmadurez. Con las drogas, y especialmente durante los últimos 40 ó 50 años, sucede exactamente lo que acabo de decir. Un grupo de amigos sale a divertirse. Uno de ellos saca una papelina con cierto polvo blanco que esnifa por la nariz. Invita a otros colegas a seguir su ejemplo y buena parte de estos lo imita. Aquel   que se atreve a decir no, debe saber de antemano que va a estar   sometido a las burlas -cuando no al rechazo-   del resto. Ocurre otro tanto con los primeros cigarrillos o la primera ingesta de alcohol que, inevitablemente, acaba en una   borrachera de campeonato que, posiblemente, sea la primera de una larga serie.   Los efectos iniciales del acercamiento a las sustancias estimulantes como las descritas, pueden llegar a ser hasta placenteros. Pero hay que indicar a los jóvenes que conviene mirar un poco más allá. Por ejemplo, el consumo  de cocaína produce, de forma inmediata, euforia, hiperestimulación, aumento de la frecuencia cardiaca,  elevación de la presión sanguínea y   dilatación de las pupilas,  así como disminución del apetito.  Pero su uso   habitual   suele ir acompañado de inquietud, ansiedad e irritabilidad intensas, y, en ocasiones psicosis paranoide. Más aún, si ese uso es crónico,  puede llegar a producir abscesos cutáneos, perforación del tabique nasal, pérdida de peso y lesión del sistema nervioso. Desconocer todo esto entre los consumidores de cocaína es tanto como cerrar los ojos a que el consumo   prolongado de tabaco provoca cáncer de pulmón, o que el abuso del azúcar desemboca, tarde o temprano, en una diabetes. Campeones Los españoles, además del   fútbol y del desempleo, en Europa nos llevamos la palma también en consumo de cocaína. Un reciente informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), un organismo dependiente de las Naciones Unidas,  concluye en que tres de cada 100 españoles son adictos a la cocaína, la mayor cifra en Europa. España supera al Reino Unido, donde el uso de cocaína alcanza el 2,4%, y a Italia, con el 2,2% de la población  situada entre los 15 y 64 años, mientras que la prevalencia media en toda la Unión Europea es del 1,2%. Desde que Eric Clapton (1945), el famoso guitarrista, compositor y vocalista británico de rhythm and blues y rock, lanzase su disco Slowhand (1977), que contiene uno de los temas más populares de su carrera, Cocaine, todos sabemos  que detrás de la apariencia -en este caso, una extraordinaria canción- se pueden esconder las peores consecuencias. El mismo Clapton lo asegura  en su ya clásico tema que, sin autoridad especial por nuestra parte, traducimos para cerrar esta columna. En una de las estrofas, dice: Si ya todo acabó y te quieres ir, cocaine. Pero en otra, añade: No olvides esto, no puedes regresar, cocaine. Ella no miente, ella no miente, ella no miente, cocaine.
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