Opinión: José-Miguel Vila
Un viejo verde llamado Berlusconi
lunes 23 de mayo de 2011, 16:47h
Actualizado: 26 de mayo de 2011, 15:48h
El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, anda estos meses de la ceca a la meca, con grandes dolores de cabeza por dar rienda suelta a sus impulsos juveniles, impropios de un caballero que supera ya ampliamente los 70 años. El calentón de “viejo verde” –así es como denominamos en España a un hombre de la edad y las imparables tendencias ¿pasiones, debiera decir? - , que pueden costarle a Il Cabaliere un delito de prostitución de menores (castigado con penas de entre seis meses y tres años de cárcel) y otro de abuso de poder (para el que la legislación italiana prevé entre cuatro y 12 años de cárcel).
El llamado 'caso Ruby', intenta esclarecer si verdaderamente el primer ministro italiano mantuvo el año pasado relaciones sexuales a cambio de dinero con la marroquí 'Ruby Robacorazones' (así se le conoce popularmente en Italia) cuando ésta aún no había alcanzado la mayoría de edad. Y seguro que lo peor para el veterano político y magnate es que, además, tendrá que comparecer ante tres mujeres jueces, de la IV sección del Tribunal Penal de Milán, Carmen D'Elia, Orsola De Cristofaro y Giulia Turri.
Después de 18 años de carrera política, el jefe del Gobierno italiano tuvo que contemplar a principios de 2011 numerosas y concurridísimas manifestaciones de mujeres en todo el país que se lanzaron a las calles para defender su dignidad de mujeres y protestar por el escándalo sexual que vincula a Berlusconi con menores.
Al affaire político-sexual, el primer ministro debe añadir a su curriculum judicial, varios escándalos más. A saber, el haber presionado a los funcionarios de la comisaría central de Milán para que en lugar de enviar a Rubi a un centro de menores después de ser detenida por un robo la dejaran en manos de la consejera de la región de Lombardía Nicole Minetti, acusada de incitación a la prostitución, por facilitar al primer ministro sus contactos femeninos.
El Estado soy yo
Y aún el jefe del Gobierno italiano tiene por delante tres procesos más que solo sus buenos oficios han podido enfriar: dos por la supuesta y presunta compra ilegal de derechos de televisión y uno por sobornar a un abogado para que prestara falso testimonio a su favor ante un tribunal.
Todo un personaje este Cavaliere que, por si alguno de Vds. ya lo ha olvidado, también estuvo vinculado a España, entre otros asuntos y en aquellos comienzos de las televisiones privadas, a la cadena Tele-5. Lo grave, cuando no lo esperpéntico, no es solo que un hombre de su edad esté implicado en tantos casos judiciales aún por resolver, sino que, además, comprometa también al propio Parlamento italiano convirtiéndolo en necesario cómplice para blindar a un jefe de Gobierno que navega entre arbitrariedades y escándalos ante la acción de la Justicia.
Como Luis XIV de Francia, Berlusconi parece pensar que si se pone en entredicho su forma de actuación e, incluso, alguna de sus acciones políticas, se está atentando contra el mismo estado italiano. Como el rey francés, Berlusconi piensa que “el Estado soy yo”.
Pero la vida política de Il Cavaliere puede concluir trágicamente si alguno de los hilos que tan sutil y eficazmente maneja se escapan a su control por uno de esos azares del destino. A Italia le conviene deshacer cuanto antes el equívoco y separar la figura de su presidente de Gobierno de su futuro como Estado democrático.