¿Quiénes deben ser los portagonistas del cambio en el sector Educación?
Aunque reconocidamente existan factores que dificultan un mejor desarrollo del sistema educativo, gran parte de las "disfuncionalidades" de la educación se originan en las propias instituciones educativas y en los propios docentes. Por esta razón, somos los propios profesores quienes podemos eliminar o corregirlas, por más adversas que sean nuestras condiciones laborales y salariales y por más deseadas o deseables que sean las ayudas externas.
El mejoramiento de la calidad de la educación no necesariamente debe ocurrir por iniciativa, decisión y acción del Ministro de Educación, del director provincial/regional de educación, de los legisladores del parlamento nacional o regional, del rector de la universidad o del decano de la facultad. Estos sectores nada o poco han hecho por la educación del país. Y por lo observado, es también lamentable la crisis moral existente en el sector: actitudes inmorales puestas de manifiesto en las coimas, venta de plazas, los famosos “videos” en los talleres de capacitación a docentes, etc., etc.
En estas condiciones, la introducción de cambios debe depender mucho más de los propios profesores que de las autoridades del país; mucho más de la voluntad y decisión personal de cada educador que de la voluntad y decisión política de los gobiernos.
En base a estos antecedentes, somos los propios profesores quienes debemos asumir como nuestro el desafío de mejorar todas estas “irregularidades”.
¿Estamos cumpliendo con nuestro trabajo como maestros? ¿Nos construimos continuamente como personas de tal manera que seamos el centro de nuestra propia historia? ¿Nuestra permanente preocupación es mejorar nuestro trabajo diario? ¿Luchamos por contar con una política educativa que garantice un trabajo beneficioso para el país?
A riesgo de repetir lo que ya es un lugar común en nuestro ámbito de reflexión y quehacer, debe destacarse que la calidad de los docentes es el factor que incide con mayor fuerza en los logros de aprendizaje de los niños. Sólo si mejora la calidad de los profesores, podremos garantizar que los ciudadanos de este país sean individuos con valores y capacidades que les permitan mejorar la calidad y las condiciones de su propia vida y las de sus congéneres. Y sólo si la calidad de los maestros mejora, podrá el país adaptarse a una sociedad y a una economía crecientemente globalizadas, que dependen enormemente del conocimiento, y de las maneras en que éste se obtiene, se analiza, se comunica, se distribuye y se aplica a la solución de problemas.
Los maestros llegamos a tener en nuestras manos buena parte de la responsabilidad de educar a los niños peruanos que, antes de mediar este nuevo siglo, serán quienes “hagan y deshagan” en este país; los responsables de construirlo o salvarlo, de cuidarlo o liderarlo. O de esos niños que, si las cosas resultan muy diferentes a nuestras esperanzas, serán tan sólo víctimas de procesos sobre los cuales no tendrán la capacidad de ejercer control alguno.
De manera muy sintética, puede decirse que los docentes debemos llegar a nuestras aulas, y mantenernos en ellascon una comprensión sólida y profunda de las materias que enseñamos, con una comprensión basada en la observación y reflexión sobre la manera en que los niños —nuestros niños— aprenden y con un fuerte compromiso de apoyarlos para alcanzarlos.
Si no “aprendemos a aprender” de maneras múltiples y renovadas, difícilmente se logrará que las políticas de mejoramiento educativo rindan plenamente sus frutos. Esto, porque, en última instancia, la mejora de la calidad educativa se dilucida dentro de las aulas, en las relaciones que se establecen entre docentes y alumnos, en los conocimientos que se ponen en juego, en la enseñanza que efectivamente se imparte y en el tipo de actividades que son propuestas para el aprendizaje de los niños.
Coadyuvar al logro de este cambio no es sencillo, ya que el ritmo de avance en los conocimientos torna obsoletos muchos contenidos muy rápidamente, y la investigación sobre procesos pedagógicos también está produciendo conocimientos útiles a pasos agigantados. Los profesores debemos ser personas que actualizamos permanentemente nuestros conocimientos disciplinarios y pedagógicos, que estemos familiarizados con las nuevas tecnologías de acceso a la información, que poseemos competencias didácticas complejas y capacidad de reflexión y aprendizaje a partir de la experiencia, como para adecuar una propuesta de enseñanza a públicos y contextos diferentes, que poseemos inteligencias intrapersonales para aplicarlas a nuestras relaciones interpersonales, en áreas tales como la conducción de grupos, la relación con la diversidad y la interacción con los colegas y que asumimos un sentido ético y de compromiso social en el ejercicio de la profesión.
Urge, entonces, volver a convertirnos en las figuras centrales en la conquista de una mayor calidad de la educación y así efectuemos nuestras propias reformas, desde abajo hacia arriba y desde adentro hacia afuera del sistema.