El Constitucional, una olla a presión
martes 17 de julio de 2007, 14:25h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 18:32h
El Tribunal Constitucional, está en ebullición y las presiones son tan altas que la olla está a punto de explotar. La culpa no sólo la tiene el Estatut de Cataluña, sino toda la reforma legislativa de Rodríguez Zapatero, sobre la que se han planteado diversos recursos de inconstitucionalidad. El temor del Gobierno es que las grandes leyes de ZP puedan quedarse en pólvora mojada… y que la sentencia sobre el Estatut salga antes de las próximas elecciones generales.
Se acaba de conocer la inadmisión a trámite del recurso que la Generalitat valenciana interpuso sobre algunos aspectos del Estatuto de Andalucía. Lleva razón la Institución que preside María Emilia Casas cuando subraya en su Auto de inadmisión las ‘incogruencias’ del PP. Resulta que el presidente Camps no ha impugnado realmente ningún precepto por inconstitucional, sino que lo que ha hecho es señalar que el modelo de financiación aplicado en Andalucía no es el mismo que el aplicado en el Estatut catalán. Claro, el Constitucional le ha respondido contundentemente con palabras como “incongruente” y “extravagante” le ha acusado de utilizar planteamientos “ajenos” a la Jurisdicción del Alto Tribunal.
No viene este Auto a añadir más confusión a la existente, sino más bien a ir clarificando el terreno. O, más lejos aún, a poner de relieve cómo la lucha partidista ha llegado a los tribunales, dividiéndolos de forma brutal. Aquí, efectivamente, hay muchas ‘incongruencias’ y puede que hasta locuras que se llevan arrastrando desde la aprobación –tal y como fue- del Estatut catalán.
Veamos. En estos momentos, sobre el Estatuto de Cataluña pesan siete recursos de inconstitucionalidad. Pero el primero en entrar y ser admitido a trámite fue el interpuesto por el Partido Popular. Luego, ése es el orden de resolución: primero el del PP y luego todos los demás. Ahora bien, lo que el Constitucional resuelva sobre el recurso del PP sentará jurisprudencia; es decir, será aplicable a los demás recursos sobre el Estatut que se vean a continuación. Y debemos recordar que para el recurso del PP ha sido recusado -no podrá estar en las deliberaciones ni, por tanto, votar- el magistrado Pablo Pérez Tremps, lo cual complica muchísimo las cosas para el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y para su ‘vertebración’ de España.
En síntesis, ése es el problema y de ahí las enormes presiones que se están recibiendo en el alto tribunal tanto desde el Gobierno de la Nación como desde el principal partido de la oposición. Pero ni unos ni otros parecen haber entendido nada. El Gobierno, por su temor in extremis al Constitucional. ¿Por qué temer a una Institución garante de la legalidad como es ésa? ¿Acaso porque saben, o intuyen, que han legislado rozando, cuando no saltando, los límites de la Constitución? Ahora bien, el PP tampoco ha entendido que pase lo que pase con el Estatut catalán va a actuar como un boomerang contra la política de Mariano Rajoy: si pierden, porque se pensará entonces que todo era un mero politiqueo con ansias electorales. Si ganan, porque ¿con quién van a pactar en las próximas generales? Desde luego, con CiU no.
Pero para seguir con esta enumeración de despropósitos, la Abogacía del Estado acaba de cometer la última gracieta, acaso sin pensar en sus posibles consecuencias. Con un ánimo indudable de entorpecer los debates sobre la constitucionalidad del Estatut, presentó un escrito alegando la ‘incongruencia’ del PP que recurre la norma catalana, pero no recurre la andaluza, que contiene elementos si no idénticos sí similares a los del Estatut. ¿Ha pensado acaso el abogado del Estado que con ese escrito está vinculando la suerte del Estatuto de Andalucía a la del de Cataluña? Porque, si ambos son iguales en normas que se plantean como sospechosas de inconstitucionalidad, si esa inconstitucionalidad se confirma en uno, lógicamente lo deberá ser en el otro.
Estamos asistiendo a una auténtica locura política en la que el Constitucional está sufriendo los fuegos cruzados de unos y de otros. Nadie en su sano juicio desearía estar en la piel de María Emilia Casas.