Hablar de los derechos del niño no es un tema menor
domingo 29 de julio de 2007, 16:27h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 18:26h
Estamos transitando tiempos previos a una elección presidencial. Tiempos de promesas para los más débiles, de acuerdos generosos con los más fuertes.
Es el país un gran escenario donde se desarrolla una obra teatral que ya hemos visto con otros actores pero que suponemos, tendrá el mismo final: las promesas serán olvidadas y los acuerdos deberemos cumplirlos.
Unos denuncian, otros se defienden. Todos parecen conocer el camino de las soluciones, pero me pregunto: ¿habrá alguien dispuesto a recorrerlo?, ¿dejarán de preocuparse por la estética para ocuparse de la ética?, ¿dejarán de enunciar qué hacer para hacerlo de una vez?, ¿descubrirán que no se puede tapar el sol con un dedo, ni negar la realidad por dura que sea?, ¿se ocuparán de lo importante para todos dejando de lado mezquinos intereses?
El poder es, o parece serlo, un espacio donde lo real se oculta bajo lo ideal, de esta forma quien lo ejerce, muchas veces parece habitante de un país lejano al pueblo que gobierna y que con su voto de confianza lo puso en ese lugar.
No alcanza con prestarse al brazo del pueblo o a la foto, debemos escucharnos, dialogar mirándonos a los ojos, intentar ponernos en la piel del que más necesita, del más débil, del desprotegido.
Mientras tanto, entre bambalinas, un ejército de niños duerme en la calle, busca monedas limpiando parabrisas, se expone inevitablemente a peligros extremos, transita una dolorosa niñez que debiera vivirla entre juegos e ilusiones. Es la desesperanza su compañera de ruta y la ignorancia la respuesta de quienes debieran ocuparse y preocuparse por ellos.
Ni críticos ni criticados hablan de ellos, tal vez porque sienten la misma vergüenza que sentimos los miles de argentinos que a diario los vemos y nos preguntamos para qué o para quién pagamos impuestos si con ellos no se responde a las necesidades de los más débiles.
De qué sirve saber que tenemos dinero ahorrado si uno de nuestros hermanos muere de hambre, no puede educarse, no tiene un hogar, no busca curarse, y siente como un mandato, que nada puede hacer por cambiar su destino.
MINORIDAD, ¿dónde está?, ¿quién es su responsable? , ¿qué presupuesto maneja? , ¿quién se ocupa que los Derechos del Niño y del adolescente sean cumplidos?, ¿cuántas generaciones seguiremos perdiendo víctimas del hambre y del desamparo, del desinterés o de la desidia?
En esta obra teatral, nuevamente faltan personajes, no tienen voz, no son tenidos en cuenta, tal vez porque no votan, pero le recuerdo a quienes tienen bajo su responsabilidad su cuidado, que algún día tendrán edad de votar y si conservan la memoria y la vida, podrán hacer justicia.
Mientras tanto sería bueno que aquellos que tenemos la posibilidad de ser escuchados reclamemos que, de una vez por todas nuestra clase dirigente deje de hacerse la distraída y cumpla de manera efectiva con su obligación de buscar el bien común aun cuando la patria, es decir nosotros, no se lo demande.