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De la Vega en el teatro Avenida

Intervención en el acto cultural con la colectividad española en Argentina

Intervención en el acto cultural con la colectividad española en Argentina

jueves 09 de agosto de 2007, 15:10h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 18:26h
Querido Embajador, querido Rafael.

Queridos amigos y amigas.

Muchas gracias. Gracias por este recibimiento. No he olvidado el calor con que me acogisteis hace dos años, en mi primera visita a este gran país. Hoy vuelvo a sentir la misma emoción que entonces. Qué alegría volver a veros.

Después de doce días de viaje oficial por tierras cercanas y queridas a lo largo de este continente, hoy tenía que estar aquí, con vosotros. No podía regresar a España sin daros un abrazo, aquí en Buenos Aires. La fuerza de 240.000 corazones que llevan España tan adentro es el imán más potente para volver. Sí, volver después de dos años. Volver a encontraros y ponernos al día. Han pasado muchas cosas en este tiempo, ¿verdad? Aquí y en España. En vuestras dos casas, en vuestros dos corazones.

Hoy estar con vosotros me produce una energía especial que me llena de emoción. Sí, no podía dejar este continente tan cercano y tan querido, después de haber visitado cinco países, no podía marcharme de este continente sin aprovechar la ocasión para volver a estar juntos.

Hoy, además, tenemos un motivo muy especial como es el reconocimiento a quienes durante cuatro décadas nos han regalado una sonrisa inteligente ante la vida.

Dicen que, a veces, las cosas que no se planean son las que mejor resultan. Y desde luego, Les Luthiers son un ejemplo de ello. Va a hacer cuarenta y dos años, una actuación fuera del programa oficial en un festival de coros universitarios poco menos que los lanzó, siendo apenas unos jovencitos, a la fama. Su originalidad, ese cocktail de música y parodia de la música, humor y fina ironía que hoy les sigue caracterizando, cautivó a la primera al público argentino y muy pronto al de todo el mundo.

Creedme, amigos Luthiers, Jorge Maronna, Carlos Núñez, Carlos López, Daniel Rabinovich y Marcos Mundstock, me siento muy orgullosa de entregaros hoy esta condecoración que el gobierno español os ha concedido. Porque sin duda la merecéis. Lleváis mucho tiempo consiguiendo que millones de personas nos riamos de forma sana e inteligente de nosotros mismos, de nuestros tópicos, de nuestras pretensiones y que lo hagamos disfrutando a la vez de la mejor música y de los más ingeniosos instrumentos, construidos, cómo no, por vosotros mismos. Muchas gracias por vuestra genialidad.

Queridas amigas y amigos

Somos muchos los españoles que tenemos aquí familiares muy queridos, yo también. Permitidme que me dirija de una manera muy especial a mi familia, que también está aquí. Querido Wenceslao, querida Olga, un abrazo muy fuerte, también para Elisa.

Sois muchos los españoles que tuvisteis que abandonar nuestro país, que dejasteis allí familia, amigos, raíces, dejasteis vuestra vida y cruzasteis el océano, huyendo de la represión o de la necesidad. Tuvisteis que marcharos para lograr una vida mejor en esta hermosa tierra.

Sé que nunca os fuisteis del todo, y que siempre, durante todos estos años habéis llevado a España con vosotros, en esas viejas fotografías que guardáis como el mayor tesoro, en esas cartas que habéis releído mil veces.

Cada vez que subíais el volumen de la radio o levantabais los ojos al oír en la televisión la palabra España. Cada vez que, tras pasar páginas y páginas, doblabais el periódico para leer despacio un artículo en el que habíais encontrado la palabra España. En cada uno de esos momentos estabais muy cerca de nosotros.

Durante mucho tiempo, durante largos años, vuestro vínculo con España era una voz cálida al otro lado del teléfono. Y luego, para muchos, llegó el silencio, ese océano de silencio que separó vidas, familias, y amores. Es difícil vivir lejos. Sí, para muchos llegó el silencio, pero nunca el olvido, jamás el olvido.

Cuando os fuisteis nos dejasteis un vacío, un hueco que no se puede llenar, y estoy aquí para decíroslo. Pero con el desgarro de la separación nos dejasteis también una determinación y un horizonte, algo por lo que merecía la pena luchar: que ningún español tuviera que marcharse de su tierra para ganarse la vida dignamente, que ningún español más tuviera que dejar su país huyendo de la represión y la falta de libertad, que ninguno de nosotros tuviera que volver a separarse de sus seres queridos.

Y esa determinación nos ha acompañado siempre, vosotros nos habéis acompañado siempre, en la construcción de esta España libre, democrática, abierta. El recuerdo de los que os fuisteis, del dolor de cientos de miles de españoles que tuvieron que dejar a quienes más querían, nos ha espoleado a construir un país de oportunidades, solidario, comprometido.

Sé que os habéis ilusionado y enorgullecido de ver cómo vuestro país crecía y maduraba hasta convertirse en lo que es hoy, un país moderno, emprendedor, un país que habla de paz, de encuentro, de diálogo. Un país que os dice, agradecido, que habéis hecho mucho por España, que con vosotros se fue una parte de nosotros mismos, que queremos que nos sintáis cerca y que nos preocupamos por vosotros.

Hemos cambiado mucho, hemos crecido mucho como país. Hoy somos mejores que la España que tuvisteis que abandonar, aquella España que no os ofrecía ningún futuro. Hoy somos un país libre, desarrollado, un país tolerante con la diferencia, con el que viene de fuera. También os debemos mucho de esto.

La España de hoy es, desde luego, muy consciente de la deuda que tiene contraída con vosotros. Tenemos la firme convicción de que la ciudadanía es lo primero y, por esa razón, queremos ampliar derechos y garantizar las condiciones para que su ejercicio sea real y efectivo para todos, con independencia del lugar de residencia.

Muchos de vosotros llegasteis a este país forzados por diversas circunstancias, y la generosidad con la que fuisteis acogidos merece nuestro más sincero agradecimiento. La Argentina fue solidaria con España en momentos en que miles de familias buscaron salir adelante, por eso tiene un lugar muy especial en el afecto de los españoles, es mucho más que un país amigo.

Otros españoles se instalaron en otros países, se fueron de España pero no renunciaron a ser españoles, y como vosotros, tienen el mismo estatuto de ciudadanía que cualquier otro español, porque como ciudadanos, nos corresponden los mismos derechos sea cual sea el lugar del mundo que hayamos elegido para vivir.

Desde el gobierno trabajamos por que así sea, queremos que sepáis que estamos cerca y trabajamos por mejorar la vida de los que residís fuera de nuestras fronteras.

Por ello hemos promovido y se ha aprobado el Estatuto de la Ciudadanía Española en el Exterior, una antigua reivindicación de las colectividades de españoles en el extranjero que por fin, después de treinta años de democracia, se ha hecho realidad. Era una deuda histórica que teníamos con los ciudadanos españoles que residen en el exterior. Y todos los grupos parlamentarios, de manera unánime, han querido satisfacerla.

Se trata de un estatuto que garantiza la igualdad de derechos de todos los españoles sin distinciones de lugar. Se trata de una ley que hace justicia, una ley que garantiza vuestros derechos políticos, sociales y culturales.

Con esta ley, todo el país ha querido estar detrás de vosotros, ha querido expresaros su apoyo y su proximidad en todo momento. Porque España es una nación de ciudadanos solidarios que sienten como propia la suerte de sus compatriotas.

Vosotros, queridos amigos y amigas, españoles y argentinos, nos habéis acompañado en la construcción de esta España que hoy, agradecida, os quiere decir que os sigue echando de menos. Que sabe que habéis construido vuestro hogar aquí, pero que, pese a la distancia, no estáis lejos y que tenéis allí, para vosotros y para vuestras familias, el hogar más calido, el que nunca decepciona, el hogar del alma.

Muchos habéis venido hoy con vuestros hijos, con vuestros nietos. Con vuestros seres queridos a los que habéis sabido transmitir el amor a esa tierra que dejasteis lejos. Y quiero dirigirme ahora a esos hijos vuestros y a vuestros nietos.

Vosotros habéis aprendido a amar a España en los recuerdos, en los relatos de vuestros padres, de vuestros abuelos. Ellos os han acercado a aquel país tan lejano en el espacio y tan cercano al corazón. Y quiero deciros que tenéis que estar orgullosos de ellos, que dieron todo por vosotros, por ofreceros un futuro mejor.

Quiero deciros que en su cariño y su entrega está lo mejor del ser humano, que en ellos están las virtudes que hacen grande a la humanidad: la rebelión ante la adversidad, la sed de justicia, el ansia de libertad, la lucha por la dignidad, por aquellos a los que se ama, el deseo de construir un mundo mejor. Ese es el legado que os dejan vuestros mayores.

¡Qué menos que hacer posible que sus nietos tengan la nacionalidad que ellos amaron! Por eso, el gobierno ha enviado al Parlamento el proyecto de ley que va a permitir que miles de descendientes de españoles puedan adquirir la nacionalidad española. Era una deuda pendiente y hemos cumplido con ella.

Amigos y amigas,

Sé que nuestro embajador, Rafa, tiene una querencia particular por Mario Benedetti, yo también; recuerdo en particular un verso de Benedetti, un verso en el que nos pide “ser jóvenes sin prisa y con memoria”. Ese deseo del poeta se cumple, y vaya si se cumple, en este auditorio. Los mayores sois jóvenes sin prisa y los jóvenes, jóvenes con memoria.

Recuerdo que siendo niña, en Galicia, viendo cómo se ponía el sol sobre el horizonte del Atlántico, pregunté que a dónde iba, y me respondieron que el sol se iba a la Argentina. El sol vino aquí como vinisteis muchos de vosotros. Por eso, esta es una noche hermosa, es una noche iluminada por el sol del corazón y el sentimiento de ser españoles en esta gran tierra.

Muchas gracias.
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