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Nuevas obras del genio de Gabriela Mistral

Nuevas obras del genio de Gabriela Mistral

lunes 20 de agosto de 2007, 23:18h
Actualizado: 21 de diciembre de 2007, 14:04h
Durante 50 años Doris Dana, la albacea de Gabriela  Mistral, ocultó los papeles heredados de la gran poeta Premio Nobel. Era imposible tener acceso a ellos. Se decía que habían sido depositados en la Biblioteca Nacional de Washington pero ni siquiera los especialistas fueron autorizados a examinar los manuscritos.

Ellos sabían que Gabriela era una trabajadora incansable y a menudo le hablaba a sus numerosos visitantes de obras a las que pensaba dar término sobre temas que le fascinaban o ideas que le daban vueltas en su inquieta cabeza.

Sus modestos bienes y la totalidad de sus escritos le fueron entregados a Doris por decisión testamentaria. Ella fue el ángel tutelar de sus últimos años. Era su secretaria, su confidente, la transcriptora de los textos definitivos que se entregaban a la publicidad. La acompañó en su visita a Chile en 1954, durante la segunda presidencia del general Carlos Ibáñez. Los asistentes a una recepción en la Casa Central de la Universidad de Chile recuerdan que Doris fue hasta la tribuna para poner fin al discurso de la ilustre visita que alargaba mucho sus palabras y que parecía errática en la narración de sus recuerdos infantiles.

Fue evidente entonces que Gabriela vivía los últimos años de su enfermedad. Era una mujer de 65 años, alta, pálida, marchita. Falleció tres años después. No obstante sus relámpagos de lucidez eran admirados por quienes tenían contacto con ella. Doris fue hasta el fin su guarda cuidadosa. No simpatizaba mucho con Chile. Tenía siempre presente algunos rencores de su jefa por los desaires, olvidos y tramitaciones que había padecido.

Gabriela repetía a menudo que había sido despedida como colaboradora de “El Mercurio” a propósito de sus “Recados” que no sintonizaban con la línea editorial de ese diario. Tampoco perdonaba las pequeñas intrigas ni las habladurías en su contra. Todo su amor por Chile se dirigía al valle de Elqui, a los campesinos de su primera juventud, a sus raíces indias y mestizas que siempre estaban presentes en sus escritos.

Doris Dana no era receptiva con los chilenos que acudían en busca de documentación sobre la gran poeta. No aceptaba invitaciones ni autorizaba la publicación de sus creaciones inéditas. Al estudioso Luis Vargas Saavedra, que solicitó leer los numerosos papeles acumulados por la autora, le dijo que allí no había “nada de importancia”. En verdad Doris reservaba para ella sola la herencia literaria de Gabriela.

Emprendió, además, un torpe e innecesario “lavado de imagen” de la autora. Llamó, por ejemplo, a los periodistas para revelar que Gabriela era la madre biológica de su amado “Yin Yin”. Tal vez quiso borrar la supuesta sospecha de lesbianismo de la poeta. Las pruebas de que no existía tal maternidad estaban en los papeles heredados. Allí están los certificados de adopción, más fotos de Yin Yin en todas las etapas de su corta vida (se suicidó en Petrópolis a los 16 años, después de una fiesta escolar en que fue hostilizado por sus compañeros de colegio).

Afortunadamente la recelosa Doris designó como albacea a su sobrina Doris Atkinson. Así es posible conocer ahora una monumental obra literaria inédita de Gabriela. En sólo tres días de rastreo Vargas Saavedra encontró ochenta poemas no publicados, más de quinientas cartas a diversos personajes del mundo y centenares de textos en prosa archivados en varias copias. Se encontraron, además, cinco álbumes de fotografías desconocidas de la familia de Gabriela y de personajes muy próximos a su vida y a su trayectoria poética.

Se sabe que Gabriela no buscaba la publicación de sus libros. Apenas fueron editados cinco títulos a lo largo de su vida. Pero escribir era parte de su respiración. Escribía a lápiz, en papel de envolver o en cualquier material posible que encontrara a mano. Corregía incansablemente y hacía varias versiones de sus poemas, sin importarle integrarlos a una publicación. Le gustaba redactar cartas con reflexiones profundas sobre grandes asuntos culturales, políticos, ideológicos, históricos, polémicos. Algunos de ellos se convertían en sus célebres “recados” o en artículos que publicaban grandes diarios latinoamericano, los que se enorgullecían de contarla entre sus columnistas.

Casi todo lo encontrado en las numerosas cajas ha sido escaneado por la escritora Elizabeth Horan, quien prepara una biografía definitiva de Mistral. Doris Atkinson entregó todo el material de nuestra Premio Nobel a la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos de Chile (Dibam) y ya se preparan ediciones de sus manuscritos. La mayoría de los poemas y prosas recién descubiertos reafirman el genio de Gabriela, una de las voces mayores del idioma español.

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Luis Alberto Mansilla
periodista
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