'Puenting' para renovar la vida
domingo 09 de septiembre de 2007, 18:16h
Actualizado: 24 de septiembre de 2007, 18:23h
Caer sin aparente freno desde un puente ochenta metros abajo, gracias al deporte extremo denominado "puenting", deja apenas tiempo para adivinar lo vulnerable de la existencia, aunque esos mismos escasos segundos de descenso regalan al intrépido aventurero una visión renovada del valor de la vida.
Así lo aseguró el guía naturalista ecuatoriano Guido Calderón al filo de un puente en las afueras de la turística ciudad de Baños, en el centro andino de Ecuador, donde, entre otros deportes extremos, se practica el "puenting".
El "puenting" es un deporte que se ejecuta con cuerdas que se atan a un lado del puente y consiste en saltar del otro extremo del mismo descendiendo unos segundos en caída libre, pero controlada, para luego pender cual columpio.
Arneses, mosquetones, bloqueadores, casco y cuerdas de escalada, rezos para los creyentes, bromas sarcásticas para desmitificar el salto, más una empujadilla -si el miedo invade- son los ingredientes que cuecen la avalancha de adrenalina que invade el ambiente poco antes, durante y después del salto.
Caer, caer y caer sin aparente control deja una sensación de vértigo y susto mezclada con satisfacción que dura varios días, al igual que la decisión de repetir la experiencia que paralizó la existencia por segundos, pero al tiempo le inyectó vigor en una fórmula mágica que se comprende a plenitud sólo con la experiencia.
La vida aferrada voluntariamente a una cuerda suena tan absurdo como real y es al mismo tiempo una lección sobre la fragilidad de la existencia y de la necesidad de acabar con la persistente necedad humana de magnificar problemas que pueden superarse con serenidad pues para "lo único que no hay remedio es para la muerte", según reflexionó un "arriesgado" poco después de lanzarse desde el puente.
Ello lo dijo, claro, después de que el temblor que le quedó en el cuerpo poco después del descenso controlado cedió paso a la tenacidad, debilitó los "problemas" y le regaló una nueva visión sobre la importancia de la vida y su vulnerabilidad.
Una vez pasado el susto inicial, se comprende que haber pensado en el salto fue lo complicado, más aún si en el filo del puente se mira abajo -lo que recorta el coraje-, o si se hace por primera vez, o si constantemente se ha jurado nunca ser parte de ese deporte que, dicen, es para valientes, aunque con ser arriesgado también basta.
La clave del "puenting" es practicarlo con guías profesionales, lo contrario sería coquetear con la muerte en un cortejo que podría terminar en la peor de las opciones.
Calderón asegura que deportes extremos como el "puenting" suponen hacer frente a los propios miedos y vencerlos, pero además esta modalidad da una nueva visión sobre la relatividad del tiempo: la caída es de segundos pero al mismo tiempo se vuelve una eternidad hasta que la cuerda se tensa y balancea al audaz.
"Es una de las formas de descargar las tensiones, la adrenalina, incluso lo recomiendan los médicos como método contra el estrés. Después de sentir que se da la mano a la muerte, nada se ve igual que antes, los problemas de antes se debilitan por sí solos. Esto da una nueva visión de la vida", explicó Calderón.
Hay quienes gritan desde el inicio de la caída, otros ahogan el miedo, terror o emoción en la garganta en diferentes formas de reaccionar ante la audacia dando una medida de la sensación de perder el piso, de no tener el control, de arriesgarlo todo...
Hay quienes como Soledad, una profesional ecuatoriana de 41 años y divorciada, jamás han cruzado las barreras de un puente, pero comparan la sensación de la caída con las nupcias: "Debe de ser la misma sensación que se tiene al firmar el papelito del matrimonio", aseguró entre risas.
Otros, en cambio, valoran la tenacidad del audaz que se lanza al vacío, unos más comprueban que su miedo es la principal fuente de fortaleza y hay otros que critican el atrevimiento de tirarse de un puente por más seguro y controlado que esté el asunto.
Lo cierto es que, como gran parte de cosas en la vida, como los fracasos o los triunfos, la sensación de practicar el "puenting" resulta mejor vivirla antes que explicarla.