Buena la armaron ayer con la videomanía galopante que le ha entrado a Pepiño Blanco, el secretario de Organización, Agitación y Propaganda del PSOE... Lo que yo os diga, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y videomaníacos niños y niñas que me leéis. ¿Qué sale José María Aznar López en la tele privada más afín a largar de su libro en plan Paco Umbral, que en paz descanse? En la sede central del socialisterío patrio, a la voz del ordeno y mando de Blanco, una legión de becarios se pone a revisar videotecas. En menos tiempo del que tardaba Julián Muñoz (ya sabéis, el exalcalde de Marbella, más conocido como Cachuli y que, por lo tomateramente visto, sigue ennoviado con la Pantoja) en hacerse con una buena comisión por una recalificación urbanística, y ¡zás!, el video estaba remitido a todas las agencias, los medios afines y, de propina, colgado en You Tube, que es como ese gran patio de vecindad, corral de comadres, alivio de correveidiles y sumidero por donde, con imagen y sonido, se pueden ir hasta las mejores –o las peores—reputaciones.
Aznar, que anda de bolos libreros, como ya os ilustré comentando su libro “Cartas a un joven español”, estuvo en Antena-3, cadena privada que, curiosamente, es propiedad del Grupo Planeta, el editor de sus tres últimos libros. Y al marido de Ana Botella, por más que el tribunal puso las cosas del 11M en su sitio, nadie le hace comulgar con ruedas de molino. La matanza yihadista de Madrid tenía el claro propósito de derribar al gobierno del Partido Popular de las Españas. Por lo tanto –Aznar lo volvió a decir ayer hasta en tres sitios distintos—está claro que a los autores intelectuales no hay que buscarlos en desiertos remotos ni en montañas lejanas. Está mucho más cerca.
Que el suegro de Alejandro Tariq Agag siga erre que erre en lo de la conspiración para propiciar un vuelco editorial digamos que sentó como una patada en los mismísimos quiñones de los mandamases sociatas. El resultado del monumental encabrone, desde ayer por la tarde, circula en forma de vídeo recopilatorio de todo lo que anduvieron diciendo, durante tres largos años, Mariano Rajoy, Ángel Acebes, Eduardo Zaplana, Jaime Ignacio del Burgo y demás prohombres del peperío patrio. Y, entre intervención e intervención, entre rebobines de moviola, los correspondientes fragmentos de la sentencia de la Audiencia Nacional, que servían –-según lo actuado y probado en juicio—para desmontar las teorías conspirativas de la alegre muchachada pepera.
Han sido los Coros y Danzas Mediáticos del PP –ya sabéis que, como reza el rústico refrán castellano, quien se pica ajos come—que también quedan con las vergüenzas conspirativas al aire los que, desde esta mañana, han empezado a acusar a Blanco y a su equipo de rastreadores de videotecas de burdos manipuladores. Que la consigna, por lo que respecta a los genoveses (o sea, los inquilinos de la sede central del PePé) es de no enmendarle la plana a lo que dijo Marianito Rajoy: acatar la sentencia y esperar por si a alguien le da por investigar lo ya investigado. Y, de paso, claro, sufrir un ataque de amnesia, siempre tan conveniente en política.
A Aznar, que es presidente de honor del Partido Popular, que oficialmente le hayan degradado a la condición de opinador particular le ha debido de sentar fatal de toda fatalidad. Eso de no permitirle impartir doctrina y hablar ex chatedra a él, todo un profesor invitado de la washingtoniana Georgetown University, le ha sentado como el escuchar eso de “Jóse, tío, que calladito estás más guapo, que el 9M próximo tocan elecciones”. Claro que, pequeñines/as míos/as, el buen hombre puede consolarse al saberse protagonista de videos de primera, no solamente aquí, en España, sino, gracias a Internet, hasta en los desiertos remotos y en las montañas lejanas. Quien no se conforma es porque no quiere, ¿verdad?.