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¡Juan Carlos y Cierra España!

¡Juan Carlos y Cierra España!

domingo 11 de noviembre de 2007, 14:47h
Actualizado: 13 de noviembre de 2007, 07:26h

La demagogia de Hugo Chávez es cosa sabida y la necesidad de su ego de aprovechar cualquier situación para exaltar su propia figura a base de presentarse como una especie de “enfant terrible” de la política internacional también es conocida por todos. Al líder venezolano le falta espacio. A pesar de los conflictos internos, el necesita el mundo como escenario, aunque el mundo maldita la necesidad que tiene de este demagogo desmemoriado.

Y señalamos lo de desmemoriado porque ahora presume de que ha sido elegido por el pueblo, - hay verdad en ello y también hay que tenerlo en cuenta así como que ha sido objeto de un intento de rebelión con una dudosa posición del Gobierno del PP entonces  -pero olvida que fue el autor de un fallido intento de golpe de estado hace años contra el Gobierno de su país. En todo caso, no se trata ahora de analizar la figura un tanto grotesca del individuo, sino algunas reacciones suscitadas por lo sucedido en la Cumbre Iberoamericana, hechos que, en determinado momento, hicieron que quedasen opacos los objetivos y fines de esa reunión por las sonadas palabras y formas que se cruzaron el presidente Venezolano y el Rey Juan Carlos y el presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero.

La verdad es que, dicho así descontextualizado, ese “¡Qué te calles!” del Rey puede parecer excesivo, pero verdad es también que el señor Hugo Chávez no hacía más que dar la tabarra atacando a las empresas españolas en general  e interrumpiendo continuamente a Rodríguez Zapatero, como si de un tertuliano de televisión rosa – o no tan rosa – se tratase. Y el Rey, que estaba en medio, saltó, habida cuenta de que el señor Chávez en cuestión estaba bastante pesadito.

En esos momentos resulta que Zapatero condenaba las palabras de Chávez en las que había acusado a Aznar de fascista. Me preguntó qué hubiese hecho al ex presidente del Gobierno con los papeles invertidos y no es fácil imaginarlo cuando desde que abandonó la Moncloa se ha convertido en una especia de anti-embajador español y no ha dejado pasar oportunidad alguna para cargar contra el Gobierno de España. Sin embargo, en esta ocasión, Aznar ha estado a una altura que los líderes de su partido no han sabido estar - ¡Dios mío, estoy hablando bien de Aznar! – al llamar al Rey y a Zapatero para agradecerles su defensa. El PP, por su parte, aprovecha la coyuntura para atacar al Gobierno. Cualquier pretexto es válido. De lo sucedido en Chile con Chávez, la culpa no de es Chávez, sino de Zapatero por tener esos amigos. Esta vez, la dirección de los populares no ha contado con el apoyo mediático de siempre, aunque todo se andará.

El líder venezolano, por cierto, se ha apresurado, al llegar a su país, a manifestar que es tan jefe de Estado como Juan Carlos y que por muy Rey que sea no le manda callar. Bueno, pues qué bien. Porque tampoco se trata de hacer de este incidente una cuestión de Estado y de exacerbar el patriotismo de algunos y el patrioterismo de otros, que leyendo y escuchando algunas cosas parece que hay que volver a llenar los barcos para invadir América otra vez. Porque algunos comentarios sobre lo sucedido, destilan una exaltación regia que les ha faltado gritar aquello de ¡Juan Carlos y cierra España” y elevarlo a los altares junto con el Apóstol Santiago.  Que ya queda lejos aquello de “¡España, Massiel, Legrá, Santana y El Cordobés, exportamos sol embotellao!” de los años sesenta, por favor.

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