Especial para Diario Hispano Boliviano
Ha pasado un año desde que Evo Morales ganó las elecciones, era un giro en la historia de la democracia en Bolivia, era la primera vez que un Presidente era elegido directamente en la urnas, 58% de los bolivianos eligieron.
Era un momento difícil, Bolivia se debatía entre la crisis política, social y económica. Todo el sistema jurídico había sido pisoteado y ahora los resultados de los cambios al calor del bloqueo y la presión estaban dando resultado.
Se habló mucho de cambio: en la forma de hacer política, de gestión, de un nuevo nacimiento. Si bien el show mediático de Morales sirvió para crear una nueva burbuja por algunos meses, los resultados no son alentadores y muestran una realidad completamente diferente.
Estábamos al borde de la guerra civil y luego de un año hemos dado un paso decidido hacia adelante. Evo Morales tuvo en su poder la posibilidad de generar un cambio estructural, los tiempos eran los adecuados, la ciudadanía los pedía y por sobre todo la coyuntura social, económica y política lo pedía a gritos.
Tuvo al poder legislativo a su favor y su victoria ante los partidos tradicionales era su mejor herramienta. Pero tomó el peor camino.
Decidió jugar a ser el sindicalista con boina calada, falta la barba y el comunismo estatal. La carta que jugó fue la demagogia.
Decidió que tenía que entrar en la historia como el emperador que construyó una nueva Bolivia. El primer paso fue destruir todo, lo bueno o lo malo, no importaba. Había que ser autoritario.
Construyó un concepto nuevo de país: división por razas, existen ahora, gracias a Evo Morales, los bolivianos "originarios" y los "huéspedes". Depende del apellido que tengas o del color de piel.
Estableció que se debía luchar la discriminación, discriminando.
Atacando a todos los que pensaban diferente a él, la mejor forma de confrontar ideas es destruyendo al otro.
Sería exagerado decir que la utilización de la propaganda política pensada y llevada a cabo por el nazismo resume la propaganda de Morales, pero algo de cierto tiene la afirmación. No habrá un Goebbles en el partido de Morales, pero existen varios medios de comunicación que trabajan en esa función. Radio Erbol es una de cabezas.
Hay que unificar al enemigo pensaron los periodistas milagrosamente reconvertidos en aliados de Morales, contagiar a la mayor cantidad de adversarios posibles, exagerando todo donde cualquier anécdota es considerada amenaza grave. Hay que prometer todo, con la mayor capacidad de mostrar mucho sin tener nada. Mucha promesa, mucha promesa pero nada se cumple.
Hay que renovar el discurso constantemente, para que cuando el adversario responde tener tanto mensaje dando vuelta que, el interés se ha perdido. Oligarcas, traidores, vendepatrias, asesinos, corruptos son la batería de insultos y denuncias sin pruebas que permiten ver la capacidad de inventiva que tiene el gobierno hacia los que pensamos diferente.
Si hay algo que el gobierno hizo bien fue, lograr afinar el principio de transposición que utilizó y materializó tan bien el nazismo: Cargar sobre sus adversarios los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque y termina Goebbles, "si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan". De ahí tanto complot interno, externo, interplanetario, tanta victimización presidencial.
Inclusive a un año de gobierno sigue con el discurso: conspiración, castas y muchas líneas sobre recuperar el poder para el indio. Hace unos días informó que: "durante la realización de la II Cumbre Sudamericana se detuvo a dos jóvenes estadounidenses que en principio dijeron que eran periodistas y luego que eran estudiantes, pero que en su cámara fotográfica tenían un registro fotográfico de varios mandatarios", incluido el de su persona.
Dijo que se trata de gente sospechosa de la cual no sabe si tiene conocimiento la embajada estadounidense, pero que incluso tiene información que personal diplomático de Estados Unidos se reunió en la casa de un ex General de las Fuerzas Armadas, del cual no quiso dar su nombre. Pruebas ninguna.
De gobernar nada, si bien se tienen números positivos en el área económica, esto se debe al mercado internacional que tanto sataniza Morales, cuánto se hubiese podido hacer con los millones de dólares de donación venezolana. Pero no se habla de políticas públicas, de educación.
En Bolivia no ha cambiado el fondo, todo sigue igual que antes. La misma forma de hacer politiquería, de listas negras de empleados no militantes, de corrupción y de una terrible desinstitucionalización a las empresas del Estado. Institucionalización que costó años y millones al país. Pero se tiene una justificación para todo: la reivindicación del "originario". Puro odio.
Ahora la diferencia ya no es social.Es racial, es étnica. La justicia social se consigue con venganza. La libertad de prensa se ve atacada día a día no sólo por las constantes amenazas a los medios de comunicación por parte de Evo Morales, sino también por los reporteros y medios oficialistas que tergiversan la verdad en favor del gobierno.
Existe preocupación, miedo, por que las diferencias son cada día más grandes y profundas. Evo Morales quiere terminar con una Bolivia democrática para pasar a una dictadura sindical de renovación ilimitada. La crisis está cada día más latente y las pocas luces que se prendieron en elecciones democráticas de 2005, se diluyen por el totalitarismo que quiere imponer Evo Morales en la Asamblea Constituyente, instaurada en la capital boliviana.
A un año de gobierno, Bolivia se desangra, en discursos presidenciales llenos de racismo y venganza. Existe temor fundado, es hora que esto cambie.