A Lourdes C.
para que aprenda Historia antigua.
Todo el mundo tiene derecho a conocer su Historia, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y novembreados niños y niñas que me leéis, porque –como dejó dicho aquel— los pueblos que olvidan su Historia están condenados a repetirla. Por eso, hoy, 20 de noviembre de 2007, a pesar de los pesares (Amaia se ha separado de La Oreja de Van Gogh, extraña noticia que me ha dado Luis-Edua, mi sobrino favorito) y de que en Barcelona aún dure la resaca caótico ferroviaria, ejerzo la función didáctica que me otorga mi magisterio de vida y costumbres.
Sé que es importantísimo que las nuevas generaciones (¡ojo!, no confundir con las NN.GG. del Partido Popular, que ellos y ellas saben perfectamente de dónde vienen y a dónde van) conozcan los hitos señeros que jalonan nuestra Edad Moderna, esos avatares históricos que, ligados a una fecha muy señalada –pongamos que la del día de hoy--, han ido modificando –y siempre a mejor—nuestra sociedad.
Sí, pequeñines/as míos/as, el 20 de noviembre, el 20-N, significó la apertura de nuevos horizontes para la Patria. Naturalmente, eso ocurrió cuando ese día de 1520, la expedición de Magallanes y Elcano, sale del estrecho patagónico que lleva el nombre del navegante portugués para adentrarse en el claro azul del Océano Pacífico. Eso fue hace 157 años. Ni uno más. Ni uno menos.
Porque el 20-N ha significado un punto de partida hacia una convivencia armónica, no sólo entre los hombres, sino entre los pueblos, al menos antes de que Hugo Chávez, el bolivariano, entrase en escena. Y así no es de extrañar que, tal día como hoy, pero en 1815, durante la celebración del Congreso de Viena que puso orden territorial en el Viejo Continente, después de todos los líos napoleónicos, las potencias de la época extendieran un documento a favor de Suiza en el que se garantiza la perenne neutralidad y la inviolabilidad de su territorio, lo que vino a beneficiar, andando el tiempo, al sector bancario y a la industria relojera.
O, acercándonos más en el tiempo, hace de ello 75 años, el 20-N de 1932, Cataluña, en plena Segunda República Española (ya oigo los suspiros nostálgicos de algunos de vosotros, empezando por el malvado del Vilariño y sus primos los Carballeira Brothers), elige su primer Parlamento autónomo, en el que Esquerra Republicana obtiene la mayoría, mientras que separatistas y comunistas consiguieron escasísimos votos. Vamos, justamente como en estos tiempos, ¿verdad?. ¡Je, je, je!... Ya le gustaría Carod-Rovira obtener esa mayoría...
Claro que el 20-N es una fecha señaladísima para la Monarquía. Es el inicio de una aventura en común, como si dijéramos. Tal día como hoy, en el año 1947, Elisabeth de Windsor contraía matrimonio en la londinense Abadía de Wetsminster con Philip Mountbatten, teniente de navío de la Royal Navy. De ello hace 60 años. (Congratulations, H.M. and husband, the Royal Couple!!).
Y sí, pesados, que ya oigo rechinar los dientes de los comunales critiqueros, hay algo relacionado con la muerte de Francisco Franco Bahamonde, aquel bajito general gallego, el que hablaba siempre de la conspiración judeomasónicaseparatista en conjunción con el comunismo internacional. Parece que, el 20-N de 1975, hace hoy 32 años, se cumplió el hecho sucesorio, según certificó el equipo médico habitual. Aunque no estoy muy seguro, porque por aquellas fechas yo me encontraba en Londres, invitado por mi amigo y compañero de estudios lord Collingwood. Recuerdo, no obstante, la llamada telefónica de mi entrañable Tato Ganduxer, hablándome en una extraña lengua (luego resultó que era el catalán) y que mamá y papá y el resto de la familia se citaron conmigo en Zurich el 22 de noviembre. Las maletas de su equipaje eran enormes y muy pesadas, aunque en ellas había poquísima ropa, porque no pretenderéis que estuviésemos en el extranjero sin dinero para gastos, ¿verdad?...
Bueno, pues ya conocéis, pequeñines/as míos/as, lo que da de sí una fecha señalada como hoy, la del 20-N. Seguid profundizando en el conocimiento del pasado, o sea, cultivando la Memoria Histórica, y así nosotros, los de siempre, podremos gozar del presente y prepararnos para el futuro que, por supuesto, será esplendoroso, porque para algo es nuestro.