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Motores del cambio

Motores del cambio

viernes 23 de noviembre de 2007, 18:28h
Actualizado: 27 de noviembre de 2007, 21:13h
TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.

Antes de que unos y otros decidan eso de que ya tiene que empezar el “Jingle bells”, o sea, coincidiendo con los fastos conmemorativos del 20N se producen toda una serie de declaraciones sobre este punto crucial para la buena marcha de la Historia de España, patria común e indivisible de todos los españoles y españolas (además de los inmigrantes que sirven en nuestras Fuerzas Armadas). Las cosas son como son, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y motoricambiados niños y niñas que me leéis. Las cosas son así y no como quisiéramos que fueran.

Por ejemplo, Alfonso Guerra que rememorando el pasado sobre la llegada de la democracia, el tipo ha estado realmente sembrado. ¿Quién hizo la Transición Sacrosanta? ¿Su Majestad el Rey que Dios guarde? ¿El impulso del pueblo español, todos en su conjunto? ¿Adolfo Suárez y su alegra muchachada de la UCD, prietas las filas, desde el Movimiento a la Monarquía parlamentaria? ¿El destape previo de las películas de Alfredo Landa, Andrés Pajares y Fernando Esteso? Para Guerra, en su conferencia en la Universidad Europea de Madrid para impartir lecciones de Historia y Política, la Transición ha sido sobrevalorada en algunos círculos no es descabellado, pero el ex ministro va más allá: "Las primeras turistas sueca que llegaron en bikini ayudaron más a la Transición que muchos discursos políticos". ¡Toma ya! Take of the frasco, Carrasco!!!. ¡Y el Jáuregui, que tantos libros ha escrito sobre el tema, sin enterarse!.

Resulta que el motor del cambio fue aquella ola-de-erotismo-que-nos-invade, como se decía cuando, allá por 1974, Franco tenía trombofletitis, mientras Felipe González y un montón de amigos sevillanos, salían a comerse una tortilla campera. No había más oposición de izquierdas que la del Partido, así con mayúsculas, que todo el mundo sabía que era el Comunista de España, el de Santiago Carrillo Solares, puesto que el socialisterío que apareció a partir de 1977. Fueron los bikinis, los sucintos dos piezas que tapaban recovecos estratégicos de la anatomía de rubias nórdicas, los que desencadenaron todo el proceso democrático. Vamos, pequeñines/as míos/as, que con toda propiedad, como me recuerda Damián, mi redicho valet de chambre, podría decirse aquello de “nunca tantos debemos tanto a tan escasos centímetros de tela”. 

Lo de este Alfonso Guerra como que no tiene precio. Seguro que hubiese preferido que los ponentes de la Comisión Constitucional que redactó la Carta Magna de 1978, se tenía que haber reunido, un suponer, en los chiringuitos playeros de Benidorm, Marbella o Torremolinos, para obtener la fuerza inspiradora que les permitiese llevar a feliz término las negociaciones. De haberse percatado de esta circunstancia hace ahora treinta años, seguro que hasta Manuel Fraga Iribarne, el de los cumplidos calzones de baño cuando lo de la bomba de Palomares (Almería), se hubiese prestado gustoso al cambio de escenario. No sabemos cómo hubiese salido el texto, pero, realmente, los ponentes se lo hubiesen pasado fenomenal. Ideal de morirse. Lo que yo os diga, pequeñines/as míos/as. Como para consignarlo con letras de oro en el acervo de la Memoria Histórica que tanto le gusta recuperar a ZetaPé. Por lo tanto, no se a que esperan para añadir un bikini al ejemplar de la Constitución Española que se exhibe en una vitrina del Congreso de los Diputados.

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