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Chávez ganó con Reuters

Chávez ganó con Reuters

domingo 09 de diciembre de 2007, 14:35h

''Les habla el hombre que pudo haber sido el próximo presidente de los Estados Unidos''. Así se presenta Al Gore al público que asiste a sus charlas ecologistas, sólo porque hace siete años, durante las elecciones presidenciales del 2000, ganó el sufragio popular y quedó prácticamente empatado con George Bush en los conteos de votos electorales. El estrecho margen hizo que Bush entrara denigrado a la Casa Blanca y que Al Gore iniciara una meteórica carrera hacia la cúspide de la fama.

La noche de las elecciones presidenciales del 2000, a la hora del cierre de los precintos y ante los sondeos a boca de urna, Gore era proclamado ganador por los medios de comunicación liberales. La anticipada proclama embrolló los resultados de tal manera que, hasta el día de hoy, Gore sigue sacándole más provecho a su derrota que a su pretendido triunfo: un Oscar y un premio Nobel ratifican, con un baño de oro y novecientas mil coronas, que los socialistas nunca pierden. Los reveses liberales serán convertidos, por la gracia de Hollywood y de la Internacional Socialista, en apoteósicas victorias.

Si uno revisa los periódicos de aquellos días para ver quién tuvo la culpa de proclamar victorioso a Al Gore, se llevará una sorpresa. Los periódicos mienten y borran las huellas. Según el archivo de la CNN, fue ''la mayoría de las cadenas de televisión'' quien calculó, un poco antes de las ocho de la noche del 7 de noviembre, ''que Al Gore le había propinado una paliza al gobernador de Texas''. Pero eso no es cierto: fueron CNN, Reuters y Associated Press quienes echaron a rodar los números masajeados y, dentro de las redacciones de esas agencias noticiosas, ciertas personas muy reales, adictas al clintonismo. Lo mismo ha vuelto a ocurrir el 2 de diciembre en Venezuela: una hora después del cierre de los precintos, cuando todavía quedaban votantes esperando en cola, Reuters le daba la victoria a Hugo Chávez.

Lo escandaloso de tales pronósticos ha quedado al descubierto, casi el mismo día del plebiscito (y de manera risible), cuando el magnate hotelero floridano Harry Rosen amenazó con demandar al meteorólogo William Gray por haberle espantado a los clientes con sus vaticinios errados. Lo cómico del caso es que el mismo Dr. Gray es un crítico acerbo de las supercherías ecologistas: la naturaleza se resistirá a acatar las órdenes de Al Gore, pero la economía y la política responden instantáneamente al más mínimo masaje mediático. No hacen falta huracanes reales, sino sólo anunciados --como ya entendió el meteorólogo-- para que las cifras de turistas bajen y los asustadizos dólares dejen de entrar a las cajas registradoras. De la misma manera, las agencias noticiosas sólo tienen que hacernos dudar por un segundo de los números de partidarios del no. También Reuters debería comparecer ante los tribunales por dedicarse a espantar votantes en los momentos críticos de las elecciones venezolanas.

Inmediatamente después del plebiscito, Arianna Huffington y Fidel Castro, en declaraciones conjuntas, volvían a arrebatarle la palma a la oposición. La verdadera democracia, según ellos, llegó con Chávez, y los comicios eran la prueba. Pero el Huffington Report o el diario Granma no están obligados a decir la verdad, ni a otorgarle el lugar central que corresponde a los luchadores por la democracia. En cambio, BBC News, que debería ser imparcial, insiste en lavarnos el cerebro con su versión dickensiana del chavismo: ''Chávez les encanta a los pobres y enfurece a los ricos con sus erráticos discursos donde denuncia a las élites adineradas''. Y Harris Whitbeck, de CNN, no perdió la oportunidad de recordarnos, ni aún en el momento de anunciar la derrota de la reforma chavista en las urnas, que ``en Venezuela, los pobres reciben educación y tratamiento médico gratuito, igual que en Cuba''.

El mundo parece haber dado un giro de 180 grados desde aquellos tiempos remotos en que Fidel Castro denunciaba a la AP y a la UPI en erráticos discursos antimperialistas: hoy, en cambio, se las ha metido en el bolsillo. ''El hombre que pudo haber sido presidente vitalicio de Venezuela'' heredó de Fidel, junto con las ambiciones totalitarias, la total anuencia de los medios. Y es patente que no son los pobres, sino los pobres propagandistas liberales, quienes lo adoran. Por eso el triunfo de la oposición venezolana significa, sobre todo, una paliza para los chavistas de Reuters --y tal vez, la primera derrota mediática del imperialismo en América.

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