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El PSM después del 9-M

lunes 24 de diciembre de 2007, 14:20h
Actualizado: 02 de enero de 2008, 17:58h
Después del fracaso electoral del PSM en los pasados comicios autonómicos y la salida de Rafael Simancas de la Secretaría General, el Nuevo Socialismo liderado por el alcalde más votado de España, Tomás Gómez -elegido en un congreso extraordinario que tendrá su segunda y definitiva vuelta después de los comicios de marzo de 2008-,  se ha mantenido fiel a los dictados de la Ejecutiva Federal, que fue la que decidió cuándo y cómo se salía de la crisis que se llevó por delante a su antecesor, y a las políticas diseñadas directamente por José Luis Rodríguez Zapatero.

Durante todo este tiempo, Gómez, además de colocar a Maru Menéndez y David Lucas al frente de los grupos socialistas en el Ayuntamiento de la capital y en la Cámara regional, ha exhibido su cargo de representante de todos los socialistas madrileños ignorando qué pasa y qué se cuece entre los afiliados, algunos de ellos de las  familias que se enfrentaron a él en el congreso de la despedida de Simancas;  y siendo el más adelantado de la clase a la hora de innovar y preparar el giro al centro requerido por Zapatero. Su defensa de la bajada de impuestos ha mosqueado a muchos, no por lo que representa, que también, sino por desdeñar el debate y considerar que los militantes han de ser voceros de las propuestas de los jefes en vez de partícipes de las políticas de su partido.

Las quejas internas se silencian porque todos dicen hacer piña para que la Z de Zapatero se extienda,  convenza a cuantos más mejor y obtenga esa mayoría absoluta, en las elecciones del 9-M, que dicen reflejan las últimas encuestas/cotilleos que corren por el PSM. Pero ahora que llega la hora de hacer la lista que encabezará el presidente del Gobierno, algunos píes se ven fuera del tiesto. Durante dos semanas los militantes han hecho propuestas de nombres que no saben si serán los que salgan adelante en el Comité Regional previsto para el Día de los Inocentes. Las familias que Gómez dijo que ya no existen  acordaron llevar a las agrupaciones locales los nombres de José Acosta, Simancas y Jaime Lissavetzky para que se convirtieran en los más propuestos en la lista que llevará también las personas propuestas por Zapatero y las que ha lanzado Gómez, entre ellas, como gran aportación, Enrique Cascallana, alcalde de Alcorcón.

Al final, los siguientes de la lista, junto a Zapatero, serán aquellos que pasen el último cedazo, que en manos de José Blanco se agitará en el Comité Federal del PSOE convocado para cerrar listas. Muchos que llevan mucha militancia socialista a sus espaldas comentan que nada será igual después del 9-M porque si Zapatero gana y repite en el cargo presidencial, el silencio de Tomás Gómez se romperá y pondrá mirando hacia otro sitio a los que hoy no ven claro su Nuevo Socialismo. Y si el PSOE sale derrotado de la contienda electoral, el alcalde más votado de España acudirá al próximo congreso del PSM con las orejas gachas, no tendrá muchas ganas de continuar y pasará a engrosar el listado de ex jefes, junto a Lissavetzky, Simancas y Joaquín Leguina, quien, por cierto,  pasa de juegos amañados y prefiere la placidez de la lectura y la escritura crítica a la nada que parece llenarlo todo.

Las cosas han cambiado mucho, antes  la FSM hacía sus listas sabiendo de antemano que desde Ferraz iban a meter de clavo cuatro o cinco nombres propuestos por el secretario general de turno,  y ahora,  Blanco y Zapatero deciden quiénes son los elegidos y el PSM se conforma con colar a cuatro o cinco de los suyos. La verdad es que hay poco donde elegir. Si Zapatero quiere ir acompañado de Pedro Solbes , Mercedes Cabrera, Elena Valenciano, Antonio Hernando, Diego López Garrido y Antonio Gutiérrez, y si Gómez piensa en Delia Blanco y Cascallana para ir en puestos con posibilidades reales de pillar un escaño en las Cortes Generales, ¿dónde se colocarán los nombres propuestos por los afiliados? Al final, si gana Zapatero,  Gómez tendrá que empezar casi de cero a levantar un nuevo PSM, sobre los escombros de los restos de la antigua FSM, y si pierde, alguien tendrá que reconstruir el socialismo madrileño después de los sucesivos fracasos cosechados últimamente. Ya nada será igual.
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