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Hillary Clinton y Mitt Romney, los más castigados por sus contendientes

lunes 07 de enero de 2008, 18:03h
Actualizado: 10 de enero de 2008, 20:36h

El sábado en la noche, los cuatro candidatos demócratas y los seis republicanos que sobreviven en la carrera por convertirse en el representante de cada partido en las elecciones presidenciales de noviembre, se enfrentaron en un debate patrocinado por la cadena de televisión ABC. 

Durante sus interveciones, los aspirantes a la Casa Blanca parecían confabulados en sus ataques contra la demócrata Hillary Clinton y el republicano Mitt Romney, los segundones en las encuestas.

La lluvia de golpes por parte de sus contendientes cayó de manera orquestada contra el ex gobernador de Massachussets y la senadora de Nueva York, los dos candidatos más poderosos en recaudación de fondos y, por tanto, más capacitados para la larga y agotadora campaña electoral estadounidense.

De los dos, la parte más dura se la llevó Romney, un político que ha puesto parte de su fortuna personal en la promoción de su candidatura y que ha emitido anuncios negativos sobre sus contrincantes.

Todos los aspirantes republicanos, incluso aquellos a los que los sondeos no otorgan muchas posibilidades de éxito, criticaron que Romney, quien profesa la religión mormona, haya ido cambiando sus posturas para acercarlas a las del Partido Republicano.

"Realmente usted es el candidato del cambio", afirmó, entre risas del público, el senador por Arizona, John McCain.

El ex alcalde de Nueva York, Rudolf Giuliani, dijo incluso que Ronald Reagan -un poderoso referente conservador- debería estar en uno de los anuncios negativos de Romney por cómo gestionó la inmigración.

Para la revista 'The Politico', que se precia de contar con información interna de las campañas, el debate del sábado puso en evidencia lo que era un secreto a voces: que el resto de aspirantes republicanos desprecia a Romney.

"Ahora ya no es un secreto. El desprecio es obvio y además despiadado", afirma la revista en su página web, que asegura que el ex gobernador es visto por sus compañeros como un "perro de presa, un guaperas y un oportunista".

El debate demócrata fue mucho más distendido y relajado, en parte por las intervenciones jocosas del gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, que aparece a la cola en intención de voto.

El senador Obama y el ex senador John Edwards castigaron a Hillary Clinton como nunca lo habían hecho en un debate televisado, aunque la ex primera dama, curtida en muchas batallas, se defendió con habilidad.

Convertidos en aliados provisionales, Obama y Edwards defendieron que ellos son los verdaderos agentes del cambio que necesita Estados Unidos, a diferencia de Clinton, a la que acusan de formar parte de los poderes fácticos del país.

Clinton respondió: "No se trata sólo de hablarle a la gente sobre la necesidad de cambio, se trata de trabajar duro por él, como yo he estado haciendo en los últimos 35 años".

Clinton también lanzó sus propios ataques, especialmente contra Obama quien, en una carrera ascendente desde su triunfo en Iowa, ha logrado relegarla a un segundo puesto en las encuestas de Nuevo Hampshire, según datos conocidos en las últimas horas.

El debate demócrata, pese a la confrontación, no estuvo exento de humor, especialmente del lado de Hillary Clinton, que trató de dar una imagen cercana y desenfadada de sí misma.

Conscientes de que las cifras de las encuestas están cambiando, uno de los moderadores del debate de anoche preguntó a la senadora de Nueva York por qué a la gente le gusta más Obama que ella.

"Huy, esa pregunta me ha dolido", dijo con una mueca la ex primera dama, "pero intentaré superarlo", añadió, entre risas.
 

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