Luis del Olmo, director general de Promoción y Disciplina Ambiental, considera que con esta iniciativa el Gobierno regional pretende “devolver a los olmos su tradicional protagonismo en el paisaje rural de los municipios de la Comunidad. Trabajamos para conseguir la integración del ámbito urbanístico y el medioambiental y la recuperación del olmo, uno de los árboles más queridos de nuestra región, supone un paso adelante para la consecución de este objetivo".
Los ejemplares, procedentes del Centro Nacional de Mejora Forestal de “El Serranillo”, en Guadalajara, serán plantados en Arganda, Soto del Real y Perales de Tajuña así como en los municipios que lo soliciten. Estos olmos han sido tratados para resistir la grafiosis, la plaga que desde principios del siglo XX ha provocado la desaparición en España de miles de estos árboles.
Desde que en 2004 se pusiera en marcha esta iniciativa en colaboración con la Escuela de Ingenieros de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid y con la Dirección General para la Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente, se han plantado 44 olmos en toda la región y se ha llevado a cabo un seguimiento continuo de su estado de salud.
Decálogo de mantenimiento
Para facilitar el mantenimiento de estos árboles, la Comunidad de Madrid ha editado un decálogo dirigido a los ayuntamientos que participan en el proyecto en el que se explican de manera pormenorizada los cuidados que requieren este tipo de árboles. Además de facilitar esta información, la Comunidad de Madrid se hace cargo del suministro de los olmos, de su transporte y colocación en los emplazamientos asignados por los técnicos de la Escuela de Ingenieros de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid.
Los olmos plantados por la Comunidad de Madrid desde 2004 tienen 20
años y aproximadamente cinco metros de altura. Su porte requiere el uso de
una replantadora, una grúa especial que facilita el traslado y colocación del
árbol en un alcorque de unos dos metros de profundidad.
La batalla contra la grafiosis
A mediados del siglo XIX un tercio de la masa forestal de Madrid estaba
compuesto por olmos. Esta especie comenzó a sufrir las consecuencias de la
grafiosis en la década de los años 30, pero no fue hasta los años 80 cuando
decenas de miles de olmos comenzaron a morir como consecuencia de esta
enfermedad.
La grafiosis consiste en la transmisión de un hongo a través de un escarabajo que impide la circulación de la savia del árbol, lo que provoca su muerte.
El proyecto que la Comunidad de Madrid inició en 2004 es posible gracias al “Programa español del olmo” de la Universidad Politécnica de Madrid que ha conseguido producir olmos resistentes a la grafiosis. Como base de estudio, tomaron un olmedo de Rivas-Vaciamadrid que conserva cientos de ejemplares sanos.