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"Que el Señor bendiga este animal y San Antón lo proteja de todos los males"

jueves 17 de enero de 2008, 12:34h
Actualizado: 18 de enero de 2008, 13:57h
Perros de todas las edades y razas así como gatos, loros, hamsters, tortugas y conejos -tan solicitados por muchos estas navidades pero no precisamente como mascotas- han sido bendecidos este jueves por el padre Juan Martínez Villar en la iglesia de San Antón, ubicada en la calle de Hortaleza número 72. Un lugar en el que también se han reunido muchos vecinos y fieles para adquirir los tradicionales panecillos de santo.
"Que el Señor bendiga este animal y San Antón lo proteja de todos los males". El padre Juan Martínez Villar ha repetido hasta la saciedad este jueves esta bendición ante la gran afluencia de ciudadanos que han llevado a sus mascotas hasta la Iglesia de San Antón, ubicada en la calle de Hortaleza número 72. Y es que como todos los 17 de enero de cada año los animales se han convertido en los verdaderos protagonistas de la jornada. Windsor y Ventrisca -dos galápagos de tamaño ya considerable- han sido una de las parejas de animales que más han llamado la atención de la gente. Y eso que no era la primera vez que recibían la bendición de San Antón, patrón de los animales. "El año pasado ya los traje y he querido repetir para que me duren mucho", declaraba Eduardo, su dueño, mientras enseñaba a los curiosos sus mascotas.

Lucas, un loro africano, ha sido otro de los protagonistas de la jornada. Esbelto y con una mirada retadora ha recibido la bendición del padre Martínez Villar ante la atenta mirada de los allí presentes, encantados por poder ver un ejemplar de este tipo. "Vengo todos los años desde que una vez se me escapó y cuando lo recuperé le prometí a San Antón que vendría siempre para que lo bendijeran", señalaba su propietario que, desde entonces, no ha faltado a su promesa. Hasta la iglesia de San Antón también se han acercado otros animales como Tambor, un conejo de nueve meses al que ha traído Tatiana "para que me viva mucho". Y no ha sido el único conejo que ha sido bendecido este jueves ya que, entre otros, el padre Martínez Villar también ha  dado su bendición a Ramón. Un conejo con cara de estar alerta quizás por los comentarios de su dueño: "Es interesante tener mascotas que no sean los animales de siempre. Además, si en un momento nos falta comida pues ya se sabe...".

Canarios y periquitos también se han dejado ver por la calle de Hortaleza así como sus temidos enemigos, los gatos, que vestidos desde princesas -por su nombre- o con disfraces castizos tampoco han querido perderse este día. Sin embargo, los verdaderos protagonistas de esta jornada de San Antón han sido, por ser los animales que en mayor número han sido bendecidos, los perros. Y es que, como ha reconocido el propio padre Martínez Villar, "es la mascota por excelencia de la gente".

Entre los canes se han podido ver caras ya conocidas por venir todos los años como Estrella, una perra que siempre sorprende por la indumentaria que le pone su dueño, José Antonio Salas, así como Chispi, una perra de nueve años que en esta ocasión su propietaria la ha traído vestida con el traje típico gallego.

Y mientras el padre Martínez Villar bendecía a los animales, con la música de fondo de la orquesta de la Policía Municipal, otros muchos ciudadanos han esperado cola para comprar los tradicionales panecillos de santo. Por dos euros se llevaban seis unidades y por cuatro doce. "Todos los años vengo y compro estos bollos artesanales. Forma parte de una tradición y hay que seguirla", declaraba orgullosa, con sus panecillos en la mano, Gloria Sanz que tampoco se perderá las 'Vueltas del Santo' que comenzarán, como siempre, desde la calle de Barceló a las 17.00 horas.

San Antonio Abad
De origen egipcio, San Antonio Abad nació en Egipto en 251 y murió en el monte Colzim, próximo al mar Rojo, en el 356. A los 20 años repartió sus propiedades entre los pobres y a lo largo de su dilatada vida fundó y gobernó varios monasterios antes de retirarse a morir en soledad. De su vida han sido representadas, sobre todo, tres escenas. La primera narra las tentaciones del demonio, que sufrió durante los primeros años que permaneció en el desierto; la segunda su encuentro con San Pablo Ermitaño. Los pintores, al plasmar este acto, recogieron el momento en que un cuervo con un pan en el pico acude a alimentar a los dos santos. Por ese motivo, más de 1.600 años después, se mantiene la tradición de regalar un 'panecillo del santo'.

La tercera escena se refiere al cerdo, animal estrechamente ligado a los orígenes de la fiesta, y que se rifaba entre los vecinos después de la celebración del oficio religioso y la bendición de los animales. En España, la fiesta estuvo restringida, e incluso prohibida, entre 1619 y 1725, año en que se reanudó convertida en una romería. Con José Bonaparte se volvió a prohibir y se recuperó en el reinado de Fernando VII. Con Isabel II alcanzó un éxito inusitado y los periódicos de la época narraban los embotellamientos que producían los carruajes de quienes se acercaban al templo y las charangas que la acompañaban.

Uno de los motivos del auge que también adquirió en la segunda mitad del siglo XIX fue la participación de famosos personajes que lograban la afluencia popular con su presencia. La tradición continuó a principios del siglo XX y en 1923 la bendición pasó de la calle de la Farmacia a la calle de Hortaleza.

En esa época, al llegar el 17 de enero un escolapio se asomaba a la ventana para bendecir y repartir saquitos de cebada en cucuruchos y panecillos del Santo. Durante la II República se suspendieron las fiestas, que fueron reanudadas en 1943. Ese año se añadió un pregón a las tradicionales vueltas de los animales, la bendición y las asiduas colaboraciones del Circo Price. En 1967 volvieron a suspenderse, hasta que 18 años más tarde se recuperaron, y desde entonces se celebran, con apoyo de las autoridades.
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