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Alergia electoral

miércoles 08 de octubre de 2025, 17:39h

La renuncia del primer ministro francés, Sébastien Lecornu, este lunes, después de sólo 27 días en ese cargo (y con un gobierno que le duró solamente 14 horas) culmina un nuevo episodio de la profunda crisis estructural en la que está sumida la política francesa en los últimos años.

Con el único afán de ganar tiempo, Emmanuel Macron, el presidente francés, volvió a pedir al primer ministro saliente un encargo prácticamente imposible: que vuelva a intentar formar un gobierno hasta hoy mismo,miércoles 8.

Tarea imposible que el presidente francés tendrá que saldar con una de estas 2 indeseadas salidas: o convoca nuevas elecciones legislativas para renovar la Asamblea francesa, o llama a la población a unas nuevas elecciones presidenciales. Esta última sería la más generosa y, quizás, la única que todavía pueda salvar la V República, pero tampoco Macron es un santo varón, así es que será difícil que sea la senda que transite guiado exclusivamente por su interés personal en permanecer un ratito más al frente de la república.

Es este un asunto que nos suena mucho a los españoles, con un presidente del gobierno (y no de la república, como a Sánchez le gustaría), con una insoportable corrupción creciente que afecta de lleno tanto a su gobierno como a su partido, y empeñado a diario en fabricar cortinas de humo (Gaza, Franco, otra vez el aborto), con el único afán de eludir su responsabilidad política, y, de paso en convencer a los ciudadanos de que la economía española "va como un cohete", pero ocultándole al tiempo que se trata de un cohete hipotecado al menos durante los próximos 25 años por el asfixiante nivel de deuda pública en la que nos ha embarcado.

En Francia ya van 3 primeros ministros en los 2 últimos años: Michel Barnier, François Bayrou y Lecornu. La última razón que explica esta inestabilidad política es también la deuda en la que está sumido el estado francés (3,4 billones de euros), y cuya única e impopular forma de hacerle frente son los inevitables recortes sociales. Claro que estos no son bien acogidos por nadie, y menos aún por los partidos extremistas y populistas de derechas y de izquierdas que, en estos momentos son quienes tienen la sartén por el mango.

El responsable de esta ingobernabilidad en la que ha desembocado la política francesa es Macron, quién propició la última convocatoria electoral del 9 de junio de 2024 tras la victoria de Reagrupación Nacional de Marine Le Pen en las europeas. El reslutado, sin embargo, no pudo ser más diabólico: bloques de extrema derecha, izquierda y extrema izquierda, y macronistas llevan 2 años mostrándose incapaces de forjar mayorías suficientes para poder gobernar. El bloque que apoya al presidente cuenta sólo con 211 diputados de los 577 que componen la Asamblea, cifra claramente insuficiente para poder llevar adelante nuevas leyes, empezando por unos nuevos presupuestos generales.

El hecho es que la popularidad de Macron sigue decreciendo en caída libre, la economía francesa está anquilosada y la polarización creciente del electorado francés probablemente provoque que en la segunda vuelta de las elecciones electorales de 2027 los rivales de Macron sean Jean-Luc Mélechon, de la extrema izquierda, y Marine Le Pen o Jordan Bardella. Y hablo de 2027 porque ahora el presidente francés no va a dimitir para convocar nuevas presidenciales porque eso sería tanto como admitir que el culpable de la situación en la que ha desembocado la política francesa es él.

Por su parte, la popularidad de Pedro Sánchez sigue también la senda del deterioro permanente hasta el extremo de que ya no se atreve ni a salir a la calle sin tener a los ciudadanos a menos de 200 metros para evitar así que sus abucheos alteren el deteriorado ánimo presidencial. El maquillaje de los datos económicos de todo tipo se ha convertido ya en un arte diario en nuestro país. Y la polarización parece ser el camino marcado desde Moncloa para seguir intentando aferrarse al poder incluso evitando en lo posible la intervención del Congreso porque, no ya es que la aprobación de nuevas leyes sea más difícil cada día, sino que ya ni siquiera los decretos-leyes corren mejor suerte cuando acaban llegando a los plenos.

El clamor de nuevas elecciones es cada día mayor y más necesaria a uno y otro lado de los Pirineos. La oportunidad política también, pero mucho me temo que aquí iremos extendiendo la agonía (las causas adversas , familiares o políticas, se defienden mucho mejor desde los despachos de la Moncloa), y en el entorno del Elíseo se acabará optando por el mal menor, es decir, convocatoria inmediata de elecciones legislativas, y luego a ver qué pasa y ya veremos cómo llegamos a 2027.

Por definición, el poder, sea de izquierdas o de derechas, es netamente conservador: mantenella y no enmendalla.

José-Miguel Vila

Columnista y crítico teatral

Periodista desde hace más de 4 décadas, ensayista y crítico de Artes Escénicas, José-Miguel Vila ha trabajado en todas las áreas de la comunicación (prensa, agencias, radio, TV y direcciones de comunicación). Es autor de Con otra mirada (2003), Mujeres del mundo (2005), Prostitución: Vidas quebradas (2008), Dios, ahora (2010), Modas infames (2013), Ucrania frente a Putin (2015), Teatro a ciegas (2017), Cuarenta años de cultura en la España democrática 1977/2017 (2017), Del Rey abajo, cualquiera (2018), En primera fila (2020), Antología de soledades (2022), Putin contra Ucrania y Occidente (2022), Sanchismo, mentiras e ingeniería social (2022), y Territorios escénicos (2023) LInkedIn: https://www.linkedin.com/in/josé-miguel-vila-8642271a/

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