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Horchaterías madrileñas, la Chata y doña Emilia

sábado 07 de febrero de 2026, 09:00h
Actualizado: 07 de febrero de 2026, 10:08h
El cuadro de Sorolla encontrado por la Policía Nacional
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El cuadro de Sorolla encontrado por la Policía Nacional

El pasado miércoles, la Policía Nacional ha recuperado tres importantísimas e históricas obras pictóricas: una del valenciano Joaquín Sorolla y dos del malagueño José Moreno Carbonero. En paradero desconocido desde 1973, pertenecieron a la extinta Sociedad Española de Amigos del Arte, cuyos fondos fueron transferidos al Patrimonio del Estado español, de la que en su momento formó parte preeminente y directiva el padre del actual duque de Alba, Luis Martínez de Irujo y Artázcoz.

Dejando a un lado el fuerte olor a chamusquina que se desprende del asunto, lo que más ha llamado la atención del descubrimiento policial es el lienzo que Sorolla pintó en 1908 y que representa a una ya madura Isabel de Borbón y Borbón, hija de la reina Isabel II y se supone que de José Ruiz de Arana y Saavedra, duque de Baena, que por algo la llamaban “La Araneja”, aunque formalmente reconocida por el consorte real, Francisco de Asís de Borbón, que al amparo de una puerta lloriqueaba y hacía pis, infanta de España, dos veces princesa de Asturias, popularmente conocida como “la Chata”, y probablemente uno de los miembros de la Casa de Borbón más querid@ por el pueblo.

Taurófila y degustadora de horchata a partes iguales, el cardiólogo, sacerdote y poeta valenciano Rafael Duyos Giorgeta la retrata en un poema conocido como Romance de la Infanta Isabel o La Chata en los toros, que tiene Horchata de chufacomo contexto una corrida que se celebra en el coso grande Madrid, plaza de toros de Goya o de la Fuente del Berro. Allí, la infanta confiesa preferencias a su dama de compañía: “Yo, del "Chico de la Blusa",/ que a serio nadie le gana;/ y del "Machaco" las tardes/ en que esculpe la estocada”. Por aclarar, el “Chico de la Blusa” es el madrileño del barrio de Embajadores Vicente Pastor, y “Machaco” o “Machaquito”, el cordobés Rafael González Madrid.

De vuelta a casa, el Palacio de la calle de Quintana, que ahora alberga la sede del mando del Ejército del Aire y del Espacio, en carruaje descubierto, suben por la calle Génova para alcanzar una de las horchaterías de la Glorieta de Bilbao, pero héteme aquí que ni la infanta ni el séquito lleva dinero para pagar: “No llevan ni un perro chico./ ¡Apuros de la Azafata...!/ -Mi lacayo es previsor.../ Anda, Marcelino, paga/ como el día del tranvía/ que nos subimos sin blanca.../ ¡Yo siempre voy sin un céntimo!”.

En ese instante, el propietario del aguaducho intervine resolutivo: “ -¿Pagarme? ¡Está convidada!/ Yo estoy "pagao" ya tan sólo/ con verla a "ustez" en mi casa/ y con poner un letrero/ "Proveedor de la Infanta”.

Monumentos madrileños a la Chata y a Emilia Pardo BazánLa gran escritora, periodista, novelista y catedrática gallega Emilia Pardo Bazán, nacida en el mismo año que Isabel de Borbón, 1851, vivió una parte muy significativa de su vida en Madrid, donde fue testigo directo de aquella época marcada por la Restauración Borbónica, tras el fracaso de la Primera República Española, y, a lo que parece, compartió con La Chata afición por los toros y la horchata.

Defendió la llamada Fiesta Nacional sobre la que hizo este apunte literario: “La luz, el color, el ruido, la animación mágica de este espectáculo, que Teófilo Gautier calificó de uno de los más bellos del mundo que pude imaginarse el hombre, son más para ser vistos que para ser descritos”. Pero, a diferencia de la Infanta, su torero preferido era Rafael Guerra Bejarano, “Guerrita” o el “Segundo Califa del Toreo”, de quien doña Emilia alababa su: “... temeridad serena, su desprecio del peligro y la armonía y unidad del combate entre el toro y el torero”, y más específicamente su elegancia durante la lidia: “... colear un toro bravo vestido de blanco y plata no es barbarie, sino aticismo”.

Degustadora de horchata casi de a diario y narradora frecuente a propósito del refresco, tiene especial interés uno de sus artículos, publicado en La Ilustración Artística el 15 de julio de 1907, en el que saluda con efusión la generalización del servicio femenino en las castizas horchaterías: “... tienen un aspecto limpio y llevan unas faldillas de percal de colores alegres y unas blusas coquetonas, a pintas, a rayas, sembradas de flores; su calzado reluce, su cabello se recoge con gracia y con estilo, mordido por peinetas de celuloide y atusado o encrespado como quiere la moda. A pesar de las fatigas del oficio (...) sirven con presteza y voluntad. El servicio de la mujer es siempre preferible al del hombre, aún cuando sólo tomásemos en cuenta el apestoso cigarro y el bigote híspido y cerduno”.

Horchatería de Narváez, 8La descripción puede resultar insultante y fuera de lugar para los menos añosos, pero quien esto escribe sufrió durante años el uso y abuso del fumeteo de aquellos cigarrillos mal liados que muchos camareros llevaban colgados de su labio inferior y cuya ceniza caía sobre el cliente, para que al punto fuera despachada de un golpe seco con el paño o servilleta que colgaba del brazo izquierdo del cantinero.

Así pues y “vaya terminando amiga”, que diría la inolvidable Maria Teresa Campos, concluyo en recomendar la experiencia total de leer los textos de Rafael Duyos y de la condesa, disfrutando de una rica horchata en el último reducto y aguaducho de Los Madriles, calle Narváez número 8, a solo unos pasos del espacio donde la Chata estuvo en los toros. Dicho queda.

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y comunicador. Investigador en el CSIC y el CIEMAT. Autor de 21 libros de historia, nutrición y gastronomía. Profesor de sociología en el Grado de Criminología.

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