www.diariocritico.com

Irán: ¿sacudir el avispero para lograr tranquilidad?

martes 03 de marzo de 2026, 07:38h

Es sabido que la primera víctima de toda guerra es la verdad. Dado que una parte importante de un conflicto militar es la guerra psicológica o del relato, cada contrincante trata de desinformar al resto del mundo sobre la evolución del enfrentamiento y sobre su justificación. Esta regla de hierro presenta en esta oportunidad un grado exagerado. Las falsedades son burdas desde su inicio. En realidad, no solo son falsas las declaraciones sobre el curso de las operaciones, sino que esta parece ser la guerra de los supuestos falsos.

Por el lado de Irán, el principal supuesto erróneo ha consistido en considerar que la magnitud de su territorio y su supuesta capacidad de represalia hacían que el país fuera inatacable. Subestimaron la agresividad irresponsable de Trump. Un asunto que destaca es la tremenda falta de protección de su espacio aéreo. Los ayatolas han debido pensar que su privilegiada relación con Alá les protegía de cualquier cosa que llegara desde el cielo. De esa forma, los misiles estadounidenses y, sobre todo, los aviones de guerra israelíes se han paseado por el espacio aéreo iraní con total tranquilidad. A ese error hay que agregarle la incapacidad de prever que sus posibles atacantes pudieran conocer cabalmente los movimientos de su núcleo central de gobierno. Así que Washington y Tel Aviv tuvieron pleno conocimiento que el ayatola Jamenei había convocado a la cúpula en una reunión ampliada. No hubo pues dificultad alguna para reventar el complejo residencial del ayatola, logrando su muerte y la de otros líderes principales. En un país dividido, la CIA y el Mosad solo han tenido que gastar algunos dólares más para que sus informantes les dieran todos los detalles.

Desde luego, también abundan los supuestos falsos de parte de los atacantes. Y no hablo del irrespeto del derecho internacional ni de la comisión de delitos de lesa humanidad. De todo eso ya hay sobrada capacidad de parte de Israel y Estados Unidos, luego del oprobioso genocidio en Gaza. Me refiero a los errores de cálculo respecto a la consecución de sus propios objetivos, que según el propio Trump comienzan por derrocar el régimen de la República Islámica. Se supone que, pese a su megalomanía, Trump ha descartado invadir el enorme territorio de Irán. Así que sus bombardeos impenitentes no reflejan una preparación artillera para la intervención de la infantería. Todo indica que se tratar de golpear con “furia épica” para provocar una rebelión interna que derroque el régimen.

¿Será este un supuesto acertado? No hay mucha seguridad al respecto. Aunque las protestas masivas de las pasadas semanas hayan sido contenidas solo a base de represión sangrienta, no es menos cierto que las expresiones multitudinarias de dolor por la muerte del ayatola Jamenei han sido bastante espontaneas. Es decir, la Republica Islámica cuenta todavía con una enorme base social. En esas condiciones, no es seguro que los aparatos militares del régimen, encabezados por la Guardia Revolucionaria, se inclinen por un golpe de Estado. Menos aun si este es solicitado abiertamente por la representación del mal, los Estados Unidos.

Quizás por eso están cobrando tanta relevancia los objetivos complementarios del ataque: impedir el programa nuclear iraní, golpear la capacidad de represalia militar del régimen, debilitar sus relaciones con sus aliados en la región. Sin embargo, los hechos muestran que tales objetivos solo se están consiguiendo parcialmente. No es cierto que el ataque haya conseguido destruir por completo la capacidad de lanzar misiles y operar drones de parte de Irán, como asegura Tel Aviv. Aunque la mayoría de los misiles balísticos sean detenidos al entrar el espacio aéreo de Israel, algunos logran impactar el territorio, destruyendo edificios y causando muertes. Y se reportan ataques en todos los países que alojan bases militares estadounidenses. Cierto, la capacidad de represalia con que amenazaba Teherán no es ni mucho menos la que presumía, pero eso no alcanza para descartar que no sea capaz de incendiar la región. Y si eso sucede, algo habrá quedado claro: sacudir el avispero no es la mejor forma de obtener tranquilidad. En realidad, lejos de erigirse como un pacificador, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, representa hoy el mayor factor de riesgo de que estallen guerras incontrolables.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios