El discurso de Pedro Sánchez hoy 4/3/2026 a las 9h. nos sitúa ante una encrucijada histórica que no admite medias tintas. Hablar de soberanía desde el seno de la Unión Europea y la OTAN es un ejercicio de retórica vacía que choca frontalmente con la realidad geopolítica que vivimos. No hay soberanía posible cuando las decisiones fundamentales en materia de política exterior, defensa y economía se toman en Bruselas, Washington o, peor aún, se subordinan a los intereses de potencias que ni siquiera ocultan su desprecio por nuestro país.
Lo vivido el pasado 3 de marzo de 2026 debería haber sido un aldabonazo definitivo para quienes aún confían en nuestros "socios europeos". Cuando Trump lanzó sus amenazas contra España, el canciller alemán —máximo representante de la potencia hegemónica de la UE— no solo guardó silencio, sino que asintió complaciente. Este gesto, que muchos medios han querido minimizar, constituye la prueba más evidente de que la Europa comunitaria es un proyecto al servicio de los intereses germano-estadounidenses, no un espacio de solidaridad entre pueblos.
La UE no nos va a amparar. Jamás lo ha hecho. Recordemos que cuando hemos necesitado apoyo frente a las agresiones especulativas contra nuestra deuda o frente a las pretensiones británicas sobre Gibraltar, la respuesta ha sido siempre la misma: imposición de condiciones, silencio cómplice o, directamente, alineamiento con nuestros adversarios.
La agresión a Irán y la doble moral occidental
En este contexto, no cabe la equidistancia. O estamos con el imperialismo —y por tanto con Trump, Netanyahu y el sionismo— o estamos con la justicia y la paz. Y la justicia exige señalar que Irán ha sido vilmente agredido cuando precisamente se encontraba negociando con Estados Unidos. Todas las acciones bélicas iraníes posteriores son estrictamente defensivas, provocadas por la escalada imperialista del trumpismo y su aliado sionista.
Frente a la campaña de demonización sistemática, debemos recordar quiénes son realmente las víctimas. Irán es una civilización milenaria, heredera de una cultura que alumbró el pensamiento, la poesía y la ciencia mientras Europa aún emergía de la Edad Media. La Revolución Popular que derribó la monarquía dictatorial y cipaya del Sha constituyó un auténtico movimiento de liberación nacional, que devolvió al pueblo iraní el control sobre sus recursos y su destino.
Conviene desmontar la hipocresía occidental: el régimen iraní cuenta con respaldo popular —como demuestra su capacidad de resistencia frente a décadas de sanciones y agresiones exteriores— y las mujeres iraníes gozan de mayor presencia universitaria, más del 50% del alumnado total de la República Islámica, superior por tanto a todos países árabes del Golfo, con los que Occidente mantiene excelentes. El velo ya no es obligatorio por cierto en Irán. Relaciones igual que las que mantiene con el estado teocrático y racista de Israel. Esto no significa que no debamos exigir avances en derechos, pero esa exigencia no puede venir acompañada del racismo europeísta, de esa superioridad moral falsa y mentirosa que Occidente esgrime mientras apoya a las monarquías más reaccionarias del Golfo o al ente sionista genocida.
Apoyar la paz sin equidistancia
Desde Soberanía y Trabajo defendemos la paz, pero no una paz entendida como sumisión al imperialismo. Exigimos que las bases estadounidenses en territorio español no sean utilizadas para apoyar las agresiones de Washington, pero esta exigencia no nos convierte en equidistantes. Apoyamos la soberanía de Irán y condenamos tanto los ataques que sufre como los intentos desestabilizadores de los servicios secretos CIA, MOSSAD y MI6, que llevan décadas conspirando contra todos los pueblos que se atreven a desafiar el orden imperial.
Para ser verdaderamente soberanos, España debe emprender un camino claro: salir de la Unión Europea, abandonar la OTAN y expulsar a los británicos de la colonia y base militar de Gibraltar. Mientras permanezcamos en estas estructuras, cualquier declaración de soberanía será papel mojado.
Guerra, clases trabajadoras y nuevo horizonte
Esta guerra que se avecina —porque el imperialismo no cejará en su escalada— si no lo impedimos y nos movilizamos en las calles, va a golpear duramente a las clases trabajadoras. La carestía de alimentos y combustible, la inflación y el empobrecimiento serán las consecuencias directas de un conflicto que no es nuestro, pero que pagaremos con nuestro empobrecimiento todavía mayor.
En este contexto, debemos señalar sin ambages a los responsables internos. Aquellos que desde las extremas derechas (PPVOX) apoyan al trumpismo, a Estados Unidos y al sionismo no son patriotas: son traidores, vendidos a potencias extranjeras —Israel, Estados Unidos y la mayoría de la UE— que nunca han velado por los intereses del pueblo español.
Pero ser socialista significa algo más que defender la soberanía nacional. Significa ser internacionalista y solidario, y por tanto antiimperialista. Porque la emancipación de España es inseparable de la emancipación de todos los pueblos que luchan contra el yugo imperial.
El Sur global como horizonte
Ha llegado la hora de cambiar de alianzas. El mundo nuevo emerge por el Sur global, por los pueblos soberanos que resisten la embestida del imperialismo: Irán, China, Rusia, los movimientos anticoloniales en América Latina y África. Son estos pueblos, que conocen el precio de la dignidad, quienes verdaderamente pueden tender una mano solidaria a España.
Desde la independencia política, debemos apoyarnos en quienes nos apoyan. Y la UE y la OTAN, con su silencio cómplice ante las amenazas de Trump, han demostrado que no lo harán. La hora de la soberanía ha llegado. O la tomamos ahora o la hipoteca será para siempre.