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El gran sapo

miércoles 18 de marzo de 2026, 13:15h

Inmenso sapo el que Pedro Sánchez ha hecho tragar al rey y sin motivo, en realidad. En noviembre, Madrid será la sede de la XXX Cumbre Iberoamericana. Saldrá bien porque estas cosas siempre salen bien y, además, sabemos organizarlas. Una nubecilla apenas blanca se veía en el horizonte: México, que siempre amaga y nunca da, sugería que tal vez podría ser que acaso pensara en la hipótesis de que no viniera.

Desconozco el porqué, pero inmediatamente Moncloa se puso en marcha y una de las acciones ordenadas es que el rey se cuadrara ante Sheinbaum y entonara un mea culpa estúpido e innecesario.

Que este gobierno de incultos le pida al rey que se baje los pantalones ante Sheinbaum por una afrenta que no existe es otra red flag que se han saltado. No creo que haya muchos españoles reclamando por el expolio y las torturas que, según ellos, infligimos otrora a los indígenas. Los cuatro gatos mal contados de Podemos, los hermanos Garzón, tonto uno, tontos los dos y seguramente Rufián ahora que también es español, no vaya a quedarse sin escaño por catalán.

Por supuesto, podríamos hablar de las leyes de Indias y los muchos que fueron juzgados y penados por su trato a los indígenas; o que uno de los que cayó fue, nada más y nada menos que el mismísimo Cristóbal Colón por su nefasta y tiránica gestión como gobernador de La Española. Detenido y encadenado en México por el juez pesquisidor Francisco de Bobadilla, fue enviado a España donde fue encarcelado y desposeído de sus cargos y honores.

Han pasado casi 22 generaciones desde aquellos tiempos, 533 años y ahora una panda de desinformados y mal instruidos hispanoamericanos salta exigiendo que los españoles de hoy pidan perdón por los españoles de hace cinco siglos. Es demencial: para empezar, llevan todos ellos apellidos españoles y eso, digan lo digan, es muy significativo. Su idioma es el español y su religión mayoritaria la cristiana. Como dijo alguien una vez, si viniera un extraterrestre y llegara a suramérica no entendería que hubiera tantas naciones: ¿no hablan ustedes el mismo idioma, tienen la misma religión, los mismos apellidos y habitan las mismas tierras? ¿Qué necesidad hay de fragmentarse en 19 países?

Ahí está lo que los españoles del siglo XV dejaron para la posteridad: un idioma, una religión, cientos de ciudades desde la Patagonia hasta Los Ángeles pasando por La Habana, Santiago de Chile, San Diego, Sacramento, San José y, claro Ciudad de México. Eso es el acervo cultural más importante que tenemos en común.

Los españoles de entonces fundaron casi 40 universidades a las que asistían los indígenas y los profesores eran catedráticos y doctores españoles prestigiosos que viajaban a Indias para enseñar. Aquellos españoles construyeron docenas de catedrales y basílicas, entre ellas la morada de la Virgen de Guadalupe (wad-al-luben, río oscuro) que se llamó así por la virgen homónima de Cáceres y que se instaló en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México en tiempos de Felipe II.

¿Hubo abusos? Seguro que sí, es la condición humana, y mayoritariamente fueron causados por privados, no por funcionarios de la corona. Pero es un disparate de tales dimensiones reclamar cinco siglos después por daños que ni siquiera se pueden personalizar sino que son algo difuso y hasta evanescente que parece afectar a todos los latinos. Según Angel Manuel López Obrador, español en los nombres y apellidos y odiador confeso de España y todo lo español, nos tenemos que humillar.

¿Deben los italianos pedir perdón por los excesos de Calígula o los franceses por haber inventado la guillotina o conquistado La Martinique? ¿Debe Emmanuel Macron disculparse por haberse inventado Francia el término “latino” para evitar decir hispanoamericanos? ¿Qué tienen de latinos los que se llaman latinos; es que hablaron latín alguna vez?

El gremio de los ofendiditos, que estamos acorralando hace algún tiempo, parece que crece por el lado hispanoamericano. Un montón de generaciones de hispanoamericanos repitiendo desde el colegio que España les robó el oro (¿de dónde creen que salieron las ciudades, universidades, catedrales, escuelas, basílicas, carreteras que los españoles construyeron, dejaron allí y permanecen hasta el día de hoy como insultos pétreos a tanta estupidez?) y que se lo devolvamos.

Nuestro presidente ahora quiere que nos arrodillemos ante los mexicanos y posiblemente sólo lo quiere porque él, a su manera, también odia la historia de España.

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