Hace 35 años, en la capital de la comarca de La Garrotxa –especialmente conocida por sus lugares de interés natural- vio la luz este angelito que tenemos abajo. Nació por mayo, ‘cuando hace la calor’, como cantaba el “
Romance del prisionero”. Pero los barrotes de este niño no eran de hierro, sino de rosas en una España que empezaba a despertar de un mortal sueño.
Meses después, Carrero Blanco saltaba por los aires, pero en la comarca de La Garrotxa nuestro niño, rubito él, jugaba feliz y ajeno a los cambios que se estaban pergeñando para pasar de una España umbría por la pena, casi bruna -la pena tizna cuando estalla, escribió Miguel Hernández y cantó un catalán de pro-, a otra de consenso y esperanza.
Si aún no ha descubierto al político que se esconde en esa foto,
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