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OPINIÓN//Victor GIJÓN

ETA y la agenda política

martes 16 de enero de 2007, 20:57h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 18:32h
ETA no puede marcarnos la agenda política. Por eso hizo bien el presidente Miguel Ángel Revilla en negarse a sacar de la Conferencia de Presidentes los asuntos previstos: mejor reparto del agua, soluciones a los problemas de la inmigración, desarrollo de las políticas de I+D+i … para abrir un debate sobre ETA que sólo hubiera hecho el juego a los violentos. Una decisión, la del presidente cántabro, que le valió la primera crítica del PP, bien es cierto que muy light, desde que, hace dos semanas, llegara Mariano Rajoy para mandar parar las críticas al PRC y especialmente a su líder Revilla.

Veía Ignacio Diego una contradicción en la actitud de Revilla de condenar sin paliativos del atentado de Barajas y exigir el cese de cualquier diálogo con la banda y el no haber apoyado la pretensión de los presidentes de Comunidades Autónomas del PP de convertir la cumbre regional del Senado en un foro para hablar del terrorismo en lugar de para aquello para lo que había sido convocada. No sé si el líder regional del PP verá también contradicción entre la negativa de su partido a acudir a la manifestación de Madrid, convocada por organizaciones de ciudadanos ecuatorianos con el apoyo de los sindicatos UGT y CC OO, y la presencia del alcalde de Santander, Gonzalo Piñeiro, junto con la mayoría de sus concejales, y la presencia del director general de Cooperación y Asuntos Europeos, José Félix Garcia Calleja, en la marcha de ecuatorianos celebrada en la tarde de ayer en Santander.

Vaya por delante que la actitud de Piñeiro --declaró que acudía a la marcha como había acudido a todas las anteriores para condenar a ETA-- me parece infinitamente más coherente que, por ejemplo, la mantenida por el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, que no solo no acudió a la manifestación sino que mandó a la Policía Municipal para retirar los carteles que la convocaban. Una ausencia, la del alcalde de la capital de España, que estaba respaldada por la cúpula dirigente del partido, desde Rajoy a Esperanza Aguirre, pasando por Acebes y todos los integrantes de la línea dura.

Esta mañana, en la SER, el diputado del PP por Cantabria, José María Lasalle, que no es precisamente de la línea dura, ponía como condición para recuperar el consenso en materia antiterrorista, que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, reconociera que se había equivocado y que el PP tenía razón en todas lo dicho hasta ahora. Pero cuando al PP se le pregunta si el tener razón en todo lo manifestado hasta la fecha supone dar por cierto, tal como anunciaban, que Zapatero había llegado a un acuerdo secreto con ETA para entregar Navarra y poner en libertad a los etarras con delitos de sangre, a sus dirigentes les sobreviene un ataque total de amnesia.

Pero más allá de las palabras están los hechos. O las palabras pronunciadas en sede parlamentaria, donde tienen todo el valor de los hechos. Este lunes en el Congreso de los Diputados veremos hasta que punto el presidente del Gobierno es capaz de ofrecer un marco de diálogo al PP que este partido no pueda rechazar sin adoptar posiciones más propias de una fuerza política antisistema, que del partido que se quedó a un millón de votos del que ganó las elecciones el 14-M. Como también esperamos que los populares no pretendan que Zapatero se avenga a tomar como dogma de fe inamovible las verdades populares (sus verdades) que pasan por no reconocer ni siquiera algo tan evidente desde el punto de vista constitucional que es el derecho del Gobierno a dirigir la lucha antiterrorista.

Una alternativa posible, transacción para no haya vencedores y vencidos y sobre todo para que el conjunto de los demócratas podamos plantar cara a ETA con muchas más garantías de derrotar al terror, pasa, en mi opinión, por un nuevo pacto antiterrorista que, manteniendo todo lo positivo del anterior, tenga en cuanta una nueva situación política en el País Vasco, mucho más cercana al acuerdo de Ajuria Enea, con su extensión del Pacto del Madrid, que de la condena explícita del PNV, debido a su apoyo a Lizarra y al plan soberanista de Ibarretxe, incluida en el preámbulo del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Hoy nadie puede negar, y mucho menos tras el papel jugado en las últimas semanas por el presidente de los nacionalistas vascos, Josu Jon Imaz, que el PNV se ha alineado claramente en el bando de los demócratas y contra ETA. Dejarle fuera del acuerdo, lo que provocaría que otras fuerzas nacionalistas, como CiU, ERC o el Bloque, y coaliciones de izquierdas, como IU, se autoexcluyeran, ni es justo, ni prudente y mucho menos conveniente.

Bien, ya ven que a pesar del rechazo anunciado a que la agenda política se vea condicionada por los asesinos, este Con firma está dedicado casi exclusivamente a las consecuencias políticas del atentado etarra del 30 de diciembre en el aparcamiento de la Terminal 4 de Barajas. Pero no siempre se puede ser plenamente coherente. Dejaré para la semana próxima el análisis de la entrevista que este jueves mantendrán los presidentes de Cantabria y España, el lanzamiento de la campaña electoral socialista con la multitudinaria cena del pasado viernes, donde Jesús Cabezón, candidato a alcalde de Santaner, fue presentdo por Lola Gorostiaga ante 2.000 militantes y simpatizantes, y el definitivo asentamiento de la nueva estrategia de moderación y ofertas en positivo que caracteriza las dos últimas semanas de la acción electoral del PP.

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