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Carroñer@s tod@s

Carroñer@s tod@s

lunes 19 de mayo de 2008, 20:36h
Una juez de Toledo ha decidido, con el apoyo del fiscal de la causa, que solicitaba justamente lo mismo, que no ha lugar el amparo preventivo contra 54 medios de comunicación solicitado por la ciudadana Telma Ortiz y su compañero sentimental, quienes se verán obligados a pagar los 42.000 euros de las costas judiciales.  Caso cerrado, a no ser que medie un posterior recurso. Y punto.

Si los demandantes pretendían que se les respetase su condición de ciudadanos particulares, por lo general, no generadores de hecho noticioso alguno, han quedado bien servidos, al menos en primera instancia. Pretender, a estas alturas y con la Constitución vigente, incoar una especie de Causa General preventiva contra la tele-basura y el cotilleo en cuatricomía, es un error de libro. Suyo y del equipo de letrados que les asistió. Un patinazo, en suma. Algo que sonaba a censura previa. Cosa nefanda, a lo que parece ser.

Y algo más que un patinazo porque ahora, sentencia judicial por medio, l@s carroñer@s lo tienen de dulce –es un decir—para su ensañamiento mediático so capa de todas las libertades habidas y por haber. Cualquiera de ellos invocará su condición de periodista para entrar a saco en la intimidad de Telma Ortiz. El acoso está servido. Servido y bendecido judicialmente en primera instancia. Recuerdo.

Pero el error cometido por el tono de la demanda es sólo eso: un error técnico-jurídico, que no le quita a los demandantes ni un ápice de la razón moral y del derecho no a mendigar, sino a exigir respeto para su condición de ciudadanos particulares, emparentados lateralmente con el heredero de la Corona.

Demostrado inoperante y hasta contraproducente el atajo preventivo, a la pareja sólo le queda, llegado el caso, ir judicialmente contra el primer medio que les incordie. Ese era el camino que, mira por dónde, debieron elegir desde el primer momento. No haberlo hecho así les representa ser víctimas de toda suerte de acosos informativos, aparte de ser objeto de los condescendientes y peñafielescos comentarios de platós televisivos.

En un país como el nuestro, en el que al ciudadano le cuesta horrores enterarse de algo tan simple –y obligatorio por Ley— como el conocer los costes reales de cualquier obra pública si así lo tuviera a bien de solicitarlo (está en su derecho) a las Administraciones públicas, resulta que los avatares comunes de una pareja joven y de clase media como cientos de miles son de interés general. ¡Vaya por Dios! Y todo ello en nombre de la libertad de expresión y de información. Algún purista (Arcadio Espada, sin ir más lejos) aduce que la condición de personaje público no la eligen los interesados sino que la otorga –o te la suelta violentamente— el Público, así con mayúsculas. Pues que ¡viva Pero Grullo! ¿Y quién administra esa condición? ¿Los de la telebasura, tal vez? ¿Los sumos hierofantes de la caquita cuatricolor?

A Telma y Enrique, les guste o no, se les invita al banquete mediático. Un convite que no pueden rechazar. Dado que son el plato principal, l@s carroñer@s no lo van a permitir. Porque con las cosas de comer ni las hienas juegan.

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