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El primer derecho es la vida (de todos y todas)

El primer derecho es la vida (de todos y todas)

martes 10 de junio de 2008, 22:49h
Lamentable jornada la de ayer, entre la astracanada bufa y la tragedia. El terrible homicidio –dejémoslo así para que la calificación final, probablemente más dura, la pongan los Tribunales– de un huelguista por parte de un conductor que de tan espeluznante forma expresaba su rechazo a la huelga de transportistas, puso la nota trágica. Al margen de las razones o sinrazones, de los derechos o excesos de los huelguistas, el primer y fundamental derecho es la vida. ¡Qué salvajada, que parece sacada de la noche de los tiempos, esa de arrollar a un miembro de un piquete de huelga, aplastarle materialmente contra la mediana y rematar la faena pasándole las ruedas por encima!

La huelga puede ser molesta, lo es sin duda, pero también es preciso entender las razones de necesidad que mueven a esos transportistas cuando, semana a semana, ven caer sus ingresos, crecer sus gastos y desmoronarse sus expectativas de retribución del trabajo. Conscientes además, como los pescadores, los obreros de la construcción, los pequeños comerciantes, los agentes comerciales y tantos otros, de que vienen tiempos aún peores.

El asesinado era miembro de un piquete, no era “miembra”, y no porque falten mujeres últimamente al volante de taxis y furgonetas de reparto, bien que mucho peor retribuidas, y desde luego no con dineros públicos, que la ya famosa “miembra” del gobierno de Rodríguez Zapatero, la singular diseñadora del nuevo idioma español doña Bibiana Aído, que puso, nada menos que en sede parlamentaria, la nota bufa de la trágica jornada.

Se ve que Ibarretxe y su obsesiva repetición de “las vascas y los vascos”, por lo menos respetuosa con la gramática, han hecho escuela, pésima escuela, como lamentaban ayer desde el director de la Real Academia a ilustres catedráticos y catedráticas. Cierto que desde el primer momento de formación del Gobierno se supo que doña Bibiana Aído era otra de esas excentricidades de habilidoso “marketing” a que es tan proclive Rodríguez Zapatero, pero nadie esperaba que se mostrase tan pronto y de manera tan esperpéntica.

Algo falla en un Gobierno donde doña Bibiana Aído puede ser ministro, o ministra, de cualquier cosa. Y es que la igualdad no se construye contra la racionalidad, ni contra el mérito, ni contra la respetabilidad, ni siquiera contra la gramática. Mucho más y peor es lo que falla en un país donde, ya en el siglo XXI, todavía alguien puede expresar un desacuerdo social o político por la expeditiva vía del crimen. Pero, al final del final, hay cierta coherencia entre ambas exageraciones, y es que ambas, la bufonada y el crimen, son señales de alerta, síntomas de un indeseable regreso, por el túnel del tiempo, al mal histórico de la desvertebración social y política de nuestro país, tan eficazmente superado en los años de luces vividos a partir de 1979. Vuelven las sombras. Las económicas, por supuesto, pero también las otras.
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