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Cuero seco

Cuero seco

martes 01 de julio de 2008, 05:21h

Cuando un presidente venezolano dijo que en este país de repente las gallinas cantaban como gallos, tuvo razón. También la tuvo, en parte, aquél que comparó el mejor programa de gobierno con el acto de encaramarse en lo más alto de la Catedral y lanzar morocotas “porque aquí lo que a la gente le importa son los reales”. Uno, dictador él, llegó a sentenciar que “plomo de imprenta no tumba gobierno” y otro, que lo secundaba, tuvo la prudencia de recordarle que era mejor poner pies en polvorosa porque “el pescuezo no retoña”. Pero hubo un personaje que utilizó la comparación, quizá más aleccionadora, para todo el que tenga una pizca de poder por estos lados y cometa la insensatez de olvidar lo efímero que puede ser cuando se le compara con la ambición de quien lo detenta: “Este país es como un cuero seco, que si lo pisas por un lado se levanta por el otro”.

Casi una década pisando callos y no han encontrado manera de aplacar al cuero. Han confiscado todos los poderes, les han cambiado el nombre, los han fusionado y desmembrado, han institucionalizado el abuso, pero cada vez se notan más enclenques. Desmantelaron al Ejército, crearon reservas y gastan más en armas que en comida y medicinas, pero el malandraje desbordado les gana la partida, día y noche. Inventaron “misiones”, fundaron bancos populares y organismos de beneficencia, el petróleo toca las nubes, pero la gente, que antes vitoreaba ahora ladra de furia al paso de la caravana presidencial. Por donde quiera tienen una estación de radio, un canal de TV, un diario, un semanario, un pasquín, imponen micros, irrumpen con cadenas, arremeten con CONATEL, con el Seniat, con los tribunales, pero no hay manera de que el ciudadano les compre la programación, ni el producto gráfico, mucho menos la especie de que los medios independientes incurren en irregularidades por no corear la partitura oficial.

La protesta, esa que no se compra con dólares, que no se negocia en oscuras cúpulas ni se ataja con amenazas, se ha convertido en el arma popular que repica en cada rincón del país. Tal vez Venezuela las haya visto más súbitas y más violentas, como aquellas que hicieron ambiente a las intentonas golpistas contra Carlos Andrés Pérez; pero nunca tan sostenidas, tan extendidas ni tan telúricas por su inocultable carga de espontaneidad y frustración colectivas. Aquellas no funcionaron, el Presidente se fue por componendas extramuros. Estas no comportan destrozos pero las raíces están levantando el asfalto de las calles.

El gobierno ha pisado varias puntas del cuero: la educación, la salud, las empresas de servicios básicos, las policías, privó a las mayorías de RCTV, todo lo que podría derramar en alivio para el pueblo lo envía a otros países o se lo merienda la corrupción interna, se le dijo “no” a su reforma de la Constitución y ahora se le ve la oreja en cada ensayo de volver a las andadas. Y a cada pisada se levanta un pico de protesta, progresivamente airada.

Y eso que todavía la gente no ha calibrado el perjuicio y la afrenta que significa el que extranjeros indeseables controlen asuntos estratégicos de nuestra nación. A ese objetivo sirve el proyecto para depauperar al país llevando al extremo sus necesidades, a que la gente deba ocuparse de su apremiante cotidianidad y no tenga tiempo para pensar en la dignidad y en la patria. Suponemos que llegará un momento en que nos enardecerá la realidad de que nuestros documentos de identificación, nuestras comunicaciones, los registros y notarías, nuestro comercio exterior, nuestras leyes, nuestras policías y hasta nuestros cuarteles, estén manejados por castristas, con la venia chavista.

La última de las puntas pisadas: el hombre que empuña el mango de la sartén del petróleo no pertenece a Venezuela sino a Fidel Castro. Por algún lado se levantará el cuero.

Macky Arenas
Periodista y socióloga venezolana
mackyar@gmail.com

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