El retorno de César Borgia
El Príncipe del Renacimiento: vida y leyenda de César Borgia
José Catalán Deus
Ediciones Debate, 2008
623 páginas
miércoles 02 de julio de 2008, 12:10h
Actualizado: 07 de julio de 2008, 12:03h
Es ahora, terminado el siglo XX con un balance tan demoledor para las ínfulas humanas de todo signo, cuando puede comprenderse cabalmente el Renacimiento y sus principales personajes, entre los que figura sin duda destacado César Borgia. Parecería que hemos iniciado hace unas décadas una época parecida, de confusión y crudeza, de emperadores desnudos y anteojeras suprimidas, en la que las apariencias se evaporan y aparece la realidad humana y social en toda su terrorífica presencia. Los prejuicios de la moralidad teórica apenas pueden ya invocarse. Ansia de poder y riqueza lo mueven todo como siempre, pero de nuevo a la luz del día. Los buenos ciudadanos ni son buenos ni son ciudadanos. César Borgia puede ser ahora comprendido y hasta admirado profundamente como lo fue por algunos precursores que intuyeron nuestro tiempo. Esto se dice en el prólogo de 'El Príncipe del Renacimiento: vida y leyenda de César Borgia', escrito por José Catalán Deus, que acaba de publicar Ediciones Debate.
En sus 623 páginas, una biografía en profundidad completada con cronología, índice onomástico, árboles genealógicos, mapas e ilustraciones a todo color, se reconstruye una vida espectacular hasta hoy incomprendida por las calumnias y difamaciones de sus enemigos, porque 'no hay rencor más amargo que el rencor político, salvo quizás el rencor religioso. No hay lucha más inescrupulosa y capaz de usar las insidiosas armas de la difamación, que la lucha política', explica del autor: 'Pero no hay la menor traza de evidencia en muchas acusaciones contra César Borgia; la reiteración ha ocupado el lugar de la comprobación, pues al igual que ocurre hoy día, una mentira suficientemente reiterada adquiere visos de verdad en función de sus muchos difusores. Y cuanto más la calumnia se difunde, más visos toma de realidad. El mundo absorbe estas historias; las devora ansiosamente si son sensacionales, y los escritores -bien conscientes del fenómeno- lo han alimentado a lo largo de los siglos. Y en este morboso apetito, un plato fuerte típico y tópico ha sido siempre César Borgia'.
Los Borgia, padre e hijo, se atrevieron a desafiar y a vencer a las grandes familias italianas. Treparon desde la baja nobleza a la cumbre, cosa casi imposible entonces. Y se convirtieron en el clan familiar más poderoso de Europa durante una década corta e intensa, tan intensa que aún no se ha olvidado. Fueron sospechosos de ser judíos conversos, lo que explicaría la desconfianza permanente mostrada hacia ellos por el ‘establishment’ antisemita de la época, los Reyes Católicos, Luis XII de Francia, la Serenísima de Venecia o la Señoría de Florencia.
César Borgia ha sido siempre el héroe secreto de los enemigos de la democracia 'excesiva', entendida como opresión de las mayorías ignorantes sobre las élites, del poder de las masas. Su mundo es más parecido al actual de lo que podría suponerse. Los 'condottieri' y sus 'condotte' se parecen como gotas de agua a los 'contratistas' y las empresas privada de seguridad que hoy en Irak mantienen en buena medida la ocupación. Son simple y llanamente soldados mercenarios reclutados entre ex militares de Estados Unidos y otros países a quienes se les paga una «contrata» para que operen en Irak sin uniforme; hay unas 36 firmas de compañías privadas de seguridad que tienen bajo contrato a más de 25.000 hombres, la mayoría de ellos fogueados veteranos de guerra con una vasta experiencia militar y muy bien entrenados en el arte de matar. Son simplemente soldados mercenarios, iguales a los «condotieros» que luchaban a las órdenes de los Borgia o a las de los que se les oponían.
Puede llegarse a la conclusión de que ambas épocas, -la nuestra y la de César- se parecen enormemente. Quizás ocurra algo similar con todas las épocas de la miserable historia humana. Simulación, engaño, doblez, mentira, calumnia, difamación, son la regla entonces y ahora. Nada es como parece en la política y en los negocios, las alianzas van y vienen más movibles que los vientos, sólo cuenta el propio interés, más allá incluso de las sacrosantas relaciones familiares y por supuesto de las supuestas amistades, siempre interesadas.
El mundo se ha masificado y donde había señoríos enfrentados, ahora hay regiones y alianzas supranacionales. Se lucha menos -aunque también- con las armas, y aún más con la propaganda y las finanzas. Estamos rodeados de Oliverottos y Orsinis, y surgen aquí y allá un esbozo de Borgia, no pocos Fernandos de Aragón y Luises de Francia, y la debida proporción de Lucrecias, Sanchas, Carlotas y Catalinas.
Es una época la nuestra que se sabe agotada pero que se cree novedosa. Que suplanta con adaptaciones, las deseables imperiosas aportaciones. Que es incapaz de superar el inmediato pasado. En la que la irrupción del ordenador ha jugado el papel que entonces tuvo la aparición de la imprenta. A la que sólo sacará de su estancamiento -como entonces- grandes ampliaciones del horizonte, nuevos espacios ignotos, nuevas formas de organización, nuevos paradigmas mentales, dice el autor en el epílogo de esta vibrante biografía. 'Quinientos años después, la semilla de César Borgia ha germinado por doquier. En las calles de Rusia y Turquía las pistolas acallan las voces críticas de los periodistas Anna Politkóvskaya y Hrant Dink. Las ponzoñas de otro tiempo son reemplazadas por nuevos venenos, como la digoxina y el polonio 210, tan terroríficamente efectivos en los cuerpos del opositor Victor Yuschenko y el ex espía Alexander Litvinenko', dice el epílogo de esta sólida irrupción en la vida y leyenda de un personaje excepcional de la historia.
Está cambiando actualmente la percepción sobre 'el demonizado' César Borgia: 'Falta una propuesta global sobre el personaje', dicen los expertos: 'Sólo ahora se puede escribir la biografía de César que anule viejos clichés', añaden. Esta gran biografía intenta cumplir la tarea.