"Dios tarda pero no olvida" reza un viejo dicho centroamericano. Vino a la memoria esta semana cuando el presidente venezolano Hugo Chávez recibió en la sede del que fue el primer episcopado de América del Sur, a casi 600 kilómetros de Caracas, en la ciudad de Coro, al presidente colombiano Álvaro Uribe. En noviembre de 2007, Chávez declaró enfáticamente: "Mientras el presidente Uribe sea el presidente de Colombia, yo no tendré ningún tipo de relación con él ni con el Gobierno de Colombia".
Las cosas no han ido bien desde entonces para Chávez y sí para Uribe, quien goza ahora de un prestigio internacional enorme.
Chávez está bastante debilitado para las próximas elecciones de noviembre, donde la oposición se presentará unida en la mayoría de las gobernaciones y las alcaldías.
Uribe tiene el 90% de la opinión pública colombiana a su favor y podría ser reeligido si se lanzase a una nueva competencia electoral; su negativa a participar tiene que ver con el fortalecimiento institucional del país y no con un cálculo por el deterioro de su imagen política.
La relación de ambos presidentes con las fuerzas armadas es también desventajosa para Chávez y favorable para Uribe. El domingo pasado en El Universal de Caracas, el ex ministro de defensa venezolano Fernando Ochoa Antich advertía que el descontento de la Fuerza Armada Nacional (FAN) "debe estar alcanzando niveles insostenibles". En una entrevista en la revista Tal Cual, el experto politólogo venezolano José Machilanda, director del Centro de Estudios de Política Proyectiva, mostraba que la penetración ideológica del chavismo en la FAN ha "creado un ambiente de irritabilidad constante en los cuarteles", por la desmilitarización y desprofesionalización que ha traído la importación del socialismo bolivariano a los militares. Chávez, al dividir a los militares entre antiimperialistas, revolucionarios, socialistas e institucionalistas ha instaurado en el seno de las FAN las figuras del delator, el caporal y el comisario político.
Todo ello, según Machilanda, en un contexto de desconfianza de los sectores militares hacia los altos mandos, graves problemas logísticos, carencia de eficiente seguridad social y deficitaria situación de adiestramiento. Así, la movilización del 1.º de marzo fue "una impostura geopolítica". Todo lo contrario a Uribe, con quien la unidad de las Fuerzas Militares es más sólida que nunca.
En el contexto internacional, la situación es similar. Chávez corre el riesgo cada vez mayor de verse aislado.
Sus petrodólares no pueden conseguir más aliados que los que ya tienen, algunos de los cuales, como Morales, atraviesan crisis agudas. Uribe ha conseguido, con la operación "Jaque", el respaldo de la Unión Europea y de la mayoría de los gobiernos latinoamericanos. Y hay un dato más que podría inclinar la balanza en la región y que, se dice, fue uno de los temas de fondo de la reunión Chávez-Uribe en Coro: la mediación de ambos presidentes para un proceso de negociación entre Washington y La Habana.
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