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Nuevos benefactores en tiempos de crisis

sábado 02 de agosto de 2008, 18:05h
Actualizado: 05 de agosto de 2008, 12:12h
Empresarios, promotores inmobiliarios y  bancos se remueven en el fango de la crisis para intentar sacar la cabeza y otear el horizonte. Su único objetivo es sortear las dificultades y correr carrerilla para seguir haciendo de las suyas: hacer bien a los demás.

 Estos colectivos se convierten en los nuevos benefactores ante la crisis económica que ya, por fin, nadie niega. Por un lado, los empresarios madrileños, encabezados por su presidente, Arturo Fernández, entregan a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, un documento con sus recetas para salir de la situación delicada a la que nos han llevado los que, amparados en el incremento del precio del petróleo,  no supieron o no quisieron leer con detenimiento las previsiones futuras para prevenir antes que curar.

La Confederación Empresarial de Madrid (CEIM) propone rebaja de impuestos y pillar cacho en el desarrollo de la Ley de Dependencia, que sin lugar a dudas necesita de  la creación de miles de empleos para atender las necesidades de las personas mayores y dependientes,  y más y más privatizaciones. Los empresarios madrileños están tan necesitados de ayudar a los demás que no tienen ningún reparo en insinuar que los Servicios Sociales podrían quedar en manos de la iniciativa privada, que, sin lugar a dudas, no pretende obtener beneficios, propio de la actividad empresarial, ni mucho menos llenar la buchaca sobremanera gracias a las necesidades de los que más necesitan de los demás, a los que piden solidaridad y buenas prestaciones, y mucho menos a cambio de mano de obra barata, ni inmigrante ni pobre, que haga su trabajo a coste reducido.

Arturo Fernández ya se hizo meses atrás otra foto similar con el secretario general de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, quien también invitó a los máximos representantes de UGT y COO de Madrid: José Ricardo Martínez y Javier López. Todos unidos, empresarios y trabajadores, en torno a un documento de los socialistas madrileños en el que se exponían propuestas para salir de la crisis. Los sindicatos madrileños han criticado las propuestas de la CEIM, quien evidentemente ha demostrado que sabe sacar tajada de las situaciones delicadas y que las fotos le gustan más que poner en claro sus recomendaciones. Pero bueno, en momentos tan delicados como los actuales, cada loco con su tema.

Igual que los buenistas del ladrillo. Los promotores inmobiliarios también se han arrimado a Esperanza Aguirre para ofrecer su rebaja de verano. Prometen, en colaboración con los principales bancos (Cajamadrid, BBVA, Santander, Popular y Banesto, entre otros), poner en el mercado los pisos que no consiguen vender a un precio entre 2.000 y 3.200 euros el metro cuadrado. La rebaja es considerable: más del 20%. Los del ladrillo lo ponen más barato, los bancos aportan la financiación necesaria a los posibles compradores y los notarios y registradores rebajan sus tarifas. Sólo aplicarán estos logros las inmobiliarias que se apunten a esta idea de la Comunidad de Madrid, que se encargará de colgar de su página web las ofertas de estos nuevos benefactores y bienhechores que, a diferencia de los malhechores, no infringen la ley. Unos hacen el bien y otros el mal, sin darnos cuenta que la fina línea que separa estos conceptos es, a veces, imperceptible.

 Los que ahora prometen vender y llevarse su parte de beneficio rebajando más de un 20% los precios de los pisos, me llevan a la siguiente reflexión: si ahora sacan del stock  lo retenido por falta de compradores y se llevan su porcentaje, ¿qué beneficios se llevaban antes? Ladrones no son, ni de guante blanco, porque la ley no limita ganancias, pero lo parecen. Con benefactores como estos no precisan los demás nada más que ponerse a rezar a la espera de que lleguen tiempos mejores en los que no sean necesarios los samaritanos ladrilleros.
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